16 agosto, 2013

YO CORAZÓN MARACAIBO

El puente sobre el lago

Soy Montiel Montiel, de los Montieles de la calle derecha. Así decía mi bisabuelo Carlos Montiel Molero. Por eso, y por ser la única hija de Valentina Quintero, era una vergüenza de índole mayor que yo no conociera Maracaibo. Un exabrupto, un improperio y una lástima. He subido tepuyes, navegado ríos en kayac, explorado cuevas, recorrido todo este país, pero jamás había caminado por la Calle Carabobo, por Santa Lucía, ni me había parado a saludar a La Chinita.
Con las recontra talentosas hermanitas Alvarado
Por esas cosas de la vida, es un viaje de mi tía Inés Quintero la sabia, la historiadora, el que dispara la oportunidad. Inesita iba a hablarle del Fabricante de Peinetas a unas flamantes damas de cotolengo que tienen 45 años con un club de lectoras en la ciudad del sol amado. Lo soltó en el almuerzo, yo me entusiasmé; Valenta no se quedó atrás y los pasajes en avión se compraron.
La euforia estuvo a punto de ser opacada por un retraso masivo de aviones en Maiquetía que nos puso en suelo marabino como a las 10 de la noche. Nos buscó Maritza y nos dejó en casa de su hermana. Una casa espectacular de los años 50, con pisos de granito, gusto inmaculado y clase de esa que no compra el dinero nuevo. Nos acomodamos Inés y yo en un cuarto y Valenta en otro para no ser despertadas a las 5 de la madrugada que empieza mi madre a acomodarse para transmitir el programa de radio a las 6.
Santa Lucía
De madrugada comenzó la vida mi mamá, nosotras un poquito después y tras un desayuno en el que fuimos complacidas con mandocas, mis amigas queridas Valentina y Florencia me fueron a buscar. Las hermanitas Alvarado son de lo más cool que tiene la ciudad. Florencia es fotógrafo y su trabajo es un primor de sutilezas, retratos íntimos, personales, apenas texturas que hablan de la vida. Valen es una artista en lo que sea que haga, la mayoría la conoce por ser una de las creadoras de la marca Oh! Nena. Dejamos a Flo en una reunión y seguimos Valen y yo al banco. Si le caes un día de semana a un pana, es normal que te toque acompañar alguna diligencia. Buscamos a Flo, ahora acompañada por otra fotógrafa, Violette que andaba, como yo, de visita en Maracaibo. Las cuatro nos fuimos, a pleno medio día a pasear por el centro. Tomamos agua de coco, tomamos birras, Valentina buscó unas fulanas agujas, paseamos por la Calle Carabobo, nos metimos en el Caribe Concert a disfrutar el kisth bien asumido y conseguimos que nos dejaran entrar medio segundo a ver el Teatro Baralt por dentro que es un alucine.
Lectura matutina del diario regional
También pasamos por el búnker de Oh! Nena, a conocer (soy fan de sus tocados y tengo una mini colección de ellos) y a hacer unas compritas. Gocé viendo de dónde y cómo salían esas preciosuras que adoro encaramarme en la cabeza. De ahí buscamos a Irdia, la maracucha que hace corazones preciosos y los monta en collares, pulseritas, anillos y lo que se te ocurra. Irdia tiene que hacer corazones porque ella es un dulce de gente y sería absurdo que hiciera otra cosa.
En Babilonia, un restaurante árabe muy popular en Maracaibo, nos encontramos a Tati y otras más y nos sentamos a almorzar delicioso. Una conversa de mujeres todas creativas, hermosas, poderosas y fajadísimas. Me sentía una privilegiada entre ellas, no todos los días se sientas en una mesa 7 mujeres a hablar de cosas que importan.
El insólito Caribe Concert en la Calle Carabobo
De ahí comimos galletas de corn flakes y visitamos el máximo recinto del diseño nacional: Tapara. Una tiendita mínima donde el ojo experto de su dueña ha ido seleccionando lo más exquisito del diseño nacional para que uno vaya, delire y quiera llevarse todo.
Ya con la tarde cayendo me dejaron en el Club Náutico para encontrarme con mi madre y mi tía que estaba dando su charla. A las 6 agarramos el Tranvía en el parque de la Vereda del Lago donde miles de personas se entregaban a ejercitarse para luego comerse un Yoyo, unos patacones o cualquiera de esas maravillas recontra fritas que han inventado los maracuchos.
La Catedral de La Chinita
Hicimos el paseo. No lo disfruté mucho gracias a un repentino dolor de vientre que me dejó doblada en el asiento. Pero tuve una idea clara de lo que haría al día siguiente muy temprano y eso estuvo bueno para rendir el tiempo.
A las 6 de la mañana del día siguiente un taxi me esperaba en la puerta de la casa. Fui al centro, a Santa Lucía, La Chinita, a la Vereda del Lago y cerré cruzando para un lado y para el otro el Puente sobre el Lago de Maracaibo mientras mi cabeza no paraba de cantar "Cuando voy a Maracaibo y empiezo a pasar el puente, siento una emoción tan grande que se me nubla la mente..." (aquí la canción)
La simpaticura marabina
Esa misma tarde regresé a Caracas con la sensación de que soy Montiel Montiel de las Montieles de la calle derecha, quiero que me salga natural decir "mi alma", quiero usar la bata goajira que le regalaron a mi mamá hace años y que volveré a Maracaibo muchas, muchas veces más.

10 julio, 2013

LA GOZADERA DE SER LA PROFE

¿Profe a las 4 en serio? Preguntan los alumnos de los Destinos Foto Arte que debo tener ya un año dando por el país. La Escuela Foto Arte me dio la oportunidad de torturar fotógrafos con ganas de viajar: los pongo a hacer excursiones por la selva, los pican los mosquitos, navegan horas bajo aguaceros y los levanto a las 4 de la madrugada a esperar el amanecer en el paisaje que estemos visitando.
Ya fuimos al Sur del Lago de Maracaibo, al Delta, al Autana, a Paria y el más reciente fue a Barinas. Nos pasamos tres días en el Hato El Cristero cayéndole a fotos a las garzas, los chigüires, las babas, las vacas, los caballos y la vastedad verdísima que es el llano.
Estoy convencida de que en este taller soy la profe, no por saber mucho de fotografía, para eso va Arlette que es la directora de la escuela y una verduga fotográfica, sino por ser las que más veces se ha levantado a las 4 de la madrugada y a la que más han picado los mosquitos. Es mi experiencia viajera lo que realmente le aporta a los Destinos Foto Arte, porque para poner a un grupo de 10 personas perfectamente citadinas en ese afán, hay que tener moral para hacerlo.
En este viaje se nos enfermaron algunos alumnos, unos porque no soportaron el vaporón llanero y otros por los excesos cometidos frente a las delicias que nos servían en el Cristero. Sin embargo, la sensación que me queda siempre es la de que gozaron, de que lo volverían a hacer -muchos han repetido- y de que se han quedado perdidamente enamorados del paisaje que les tocó presenciar. Aprendieron que la fotografía de fauna es un ejercicio de paciencia, que hay que estar callado, sigiloso y observar. Es un ejercicio de respeto y no basta tener la imagen del chigüire, hay que tener una hermosa imagen del chigüire, hay que pensar en lo que se está haciendo. Hay que rendirle honores a lo que tenemos la fortuna de observar.
A mi se me llena de orgullo el pecho porque eso que hacen conmigo un fin de semana, es lo que yo hago para vivir y lo amo. Me siento una especie de embajadora de nuestra geografía y es divino.
En este viaje abundaron los momentos memorables. Comenzando con el amanecer en el garcero. Vestirse, acomodar el equipo, tomar un café y montarse en un camión cuando todavía es de noche. Esperar, frente a la laguna donde las garzas duermen, anidan y se reproducen, la salida del sol que comenzó con un cielo azul marino que lanzaba una rayita rosada. Luego el rosado se apoderó de todo y justo antes de que la pelota de fuego se asomara se puso intensísimo, pintó de fucsia todas las nubes, la laguna, nuestros rostros y se apagó para darle paso al amarillo oro de las mañanas. 
Nosotros mudos, presenciando el gran show de luces de la naturaleza, buscando el encuadre, la velocidad, la exposición, buscando decir algo a través de una imagen y procurando espantar a los mosquitos sin que la foto saliera movida. De ahí hicimos rondas en botecitos para acercarnos a las garzas y hacerles mejores fotos. Cuando el hambre apremió regresamos a desayunar como los dioses.
Otro gran momento fue el de los caballos, Arlette y yo llorábamos de emoción mientras arreaban a los caballos a cruzar la laguna para hacernos testigos de todo el poder y la elegancia de estos animales. Natalia hasta cruzó con ellos y Azalia nos hizo pasar el susto de la vida esperándolos de frente desde la otra orilla.
De resto, vimos atardeceres, buscamos chigüires, pescamos caribes, escuchamos a Jesse nombrar cientos de especies de aves, buscamos infructuosamente monos y hasta tuvimos tiempo para echarnos en la piscina del Hato El Cristero. También comimos, comimos y comimos, apurruñamos a Emma y participamos en el conteo de Marcos y Eva Marieu para la pizarra de la deshonra.
Mi tocaya Arianna, la única hijita de Arlette, lo contó en imágenes en movimiento y aquí lo tienen: http://www.youtube.com/watch?v=ztj5EW4mVk4&feature=share&list=UU37BeI1LUX5GxEgu3OVBQEw
Yo lo conté en imágenes congeladas y esta es mi versión: http://www.flickr.com/photos/elojito/sets/72157634437368056/
Y si en Instagram buscan #EFAenBarinas verán las versiones de mis alumnos amados.
Gracias Arlettina, gracias escuelita, gracias Hato El Cristero y gracias infinitas a mis alumnos por permitirme levantarlos de madrugada y aprender de ustedes. 

12 junio, 2013

BENDICIÓN DE AGUA

La ceremonia de agua/ Foto: Diana Baldera
Dicen las señoras, que los matrimonios se bendicen con agua. Novia mojada, novia feliz. El instinto es un don insólito: cuando decidí que quería casarme en Canaima jamás había escuchado una palabra al respecto.
Y no, no llovió durante la ceremonia ni una gotica, pero me casé rodeada de agua, en una balsa que flotaba sobre la Laguna de Canaima. Federico y yo nos casamos viendo de frente los saltos, su poderoso escándalo de agua. Mi elemento siempre ha sido el líquido y el 18 de Mayo, a las 4:30 de la tarde, me aferré a sus bendiciones para decirle al amor de mi vida que quiero compartir con él esta temporada en la tierra.
Los que curiosearon #matriencanaima en Instagram ya han visto las imágenes y, dentro de un par de semanas, saldrá publicado en la Revista Todo en Domingo de El Nacional un artículo escrito por mi querido Jonathan Reverón contando cómo se hace un matrimonio venezolano (anoten porque viene con directorio y todo).
Yo aquí les voy a contar mi parte, ustedes me han acompañado en tantos viajes, los han aplaudido, me escriben, me celebran y hasta lloran conmigo una que otra vez. Sería una pichirrería imperdonable no relatarles mi versión de la boda.
Kerepacupay se asoma y me dice que sí
Me fui con Valenta y la comadre Lia el miércoles en la mañana, un amigo de la familia nos prestó un avión para llevarnos el perolero. En el aeropuerto me esperaba el camión que lleva las flores del Parque de la Exótica Flora Tropical de Yaracuy a las floristerías de Caracas. La instrucción: agarra lo que quieras, el resto se va a Caracas. Ni Disney supera la emoción de encaramarse en una cava repleta de flores -exóticas tropicales- a elegir las que te provoquen para tu boda. Lástima que era una diligencia rápida y no hay fotos, mi cara debe haber sido un poema.
Nos montamos en el avión con cajas entre los pies, telas en las piernas y la angustia inefable de que algo se quedaba. Llegando a Canaima el piloto nos llevó a ver el Kerepacupay Vená. Estaba todo nublado, pero como si de magia se tratara, el Salto Ángel abrió un espacito y se asomó. Como si supiera que yo quería verlo y pedirle permiso para casarme en su tierra. Como si me quisiera decir que sí. 
Tamarita fajada desde el primer día / Foto: Diana Baldera
Aterrizamos en Canaima y sin respiro comenzó la faena: bajar el perolero, buscar en Wakú el otro perolero que veníamos mandando hace meses. Ver que Tamara tuviera todos los ingredientes que necesitaba para la cena. Visita a cada una de las posadas para cotejar nuestra lista y la suya -por cierto, tuvimos un intento de arroceo gracioso, un imparcial pidiendo el "paquete Valentina Quintero" para el fin de semana...- poner a los invitados en las habitaciones más chéveres y cómodas y asegurarnos de que todo estaba listo para recibir a la familia y amigos que comenzaban a llegar el jueves. También acompañamos a Tamara y Juan en las faenas de la cocina que comenzaron ese mismo día. Mi primo Alejandro, llegado de Viena, estuvo metido de cabeza en esa cocina hasta el sábado sin parar (Te quiero Ale).
Regalitos naturales de Arte Más Sano para los invitados
El jueves nos dedicamos a las artesanías, armar lámparas, arreglar los regalitos de Arte Más Sano para los invitados, llevarlos a las habitaciones de cada quién en las posadas y tuve un ratico para acompañar a Andita y Jesse (mi madrinita y su flamante esposo) a visitar los saltos Hacha y Sapo. Una vez más, bajo el poder del agua pedí permiso y salió el sol y era como si me dijeran que sí.
El viernes la faena matrimonial arrancó con todo. Mi consejo superior matrimonial (Melón, Lia y Valenta) tomó las riendas de Wakú Lodge. Mesas del comedor salían y mesones de la boda entraban, cajas de bandejas venidas de Lara y Los Teques se colocaban abiertas, se eligieron cubiertos, platos, copas, se contaron más de cien veces los cien puestos que teníamos que tener. Cristiane tenía a Crispín encaramado en el techo montando lámparas que una primera lluvia se llevó al suelo para que supiéramos que había que asegurarlas mejor y comenzaron a llegar los invitados.
Recibiendo a los invitados, en esta caso mi Yubi (Valen atrás)
Valenta y yo, anfitrionas ejemplares del clan Quintero, nos instalamos en la pista de Canaima y recibimos en la puerta de los aviones a todas y cada una de las personas que venían a celebrar con nosotros. Alaridos, llantos, fotos, euforia. Mis amigos del alma cruzaron océanos y continentes, mi familia, mis afectos estaban ahí. Mis abuelo, los papás de Fede, sus hermanos, sus tíos y primos. Las amigas del colegio de mi mamá, los amigos de la vida de Fede. Yo, con el corazón repleto de agua les daba la bienvenida a los orígenes del mundo. Con los ojos aguados les enseñaba lo hermoso de esta tierra. Con el alma inundada les decía "Bienvenidos a Canaima". El 90% de los invitados a mi boda jamás habían estado ahí. Todos sabían que iba a ser bonito. Ninguno sabía que bonito es pequeño, que Canima es magia pura, poderosa y shamánica.
Los saltos de Canaima esperaban con arcoiris y todo
Ese mismo viernes se fue de paseo todo el mundo, a Kavak, a los saltos, a bañarse en la Laguna. 
En la tarde, finalmente, llegó mi amado, la pieza que me faltaba para anegar esa felicidad. Corrí a la pista a abrazarlo y lo llevé de la mano a la posada.
En la noche hicimos un brindis con acto cultural en Venetur Canaima. No hubo quien no diera las gracias. No hubo quien no se sintiera afortunado de estar en esa tierra, bañándose en ese agua de colores. Yo, agotada, apliqué sin pudor la bomba de humo y me fui tempranito. Mi cortejo enterito terminó en El Morichal bailando tecno merengue con los pemones.
El sábado llegó con agua. Llovió en la mañana. Duro. Luego salió el sol, llovió al mediodía y se dejó de eso. 
Temprano, antes del primer chaparrón, salí a kayakear con el padre Xavi y me confesé frente al escándalo del Hacha donde hablamos un buen rato de mi relación con Fede y con Jesucristo. Volví a tierra convencida de que Dios vive entre los saltos de la Laguna de Canaima. Serena, entregada y feliz. Xavi me había dado también su bendición de agua.
Desayuné con mi amado y lo mandé a Venetur a alistarse bajo la tutela de su padrino y hermanos. Mi consejo superior matrimonial daba carreras por la posada poniendo flores junto a Avrylita en todas partes. Maribel y Mari daban instrucciones y Julián comandaba la labor de la balsa con caminito sobre la laguna.
El equipo del amor y la belleza / Foto: Don Ungaro
Mi equipo del amor llegó puntual. Marcos Durán y Roberi Parra llegaron a ponerme bella y vestirme respectivamente (sólo ellos podían hacerlo con el amor que la ocasión merecía). Abrí la cajita con la Oh! Nena emplumada que me adornaría la cabeza y di alaridos de dicha. Mis zarcillitos Tarbay salieron de su caja y mis zapatos naranja de Ezio comenzaron a bailar en la suite que Wakú me permitió estrenar. Don y Diana se ocuparon de dejar testimonio fotográfico y Anabela y Chana de hacerlo en video. Cuando se acercaba la hora y yo no me veía lista, sólo La Lupe supo calmar mis ansias.
Mi cortejito primoroso esperaba listo afuera. Mi suegrita ya tenía a su hijo en el brazo y mi madre, preciosa y vestida por el mismo equipo no paraba de llorar.
Marcos y Roberi se ocuparon de llevarnos impolutas hasta la mitad del camino. Entonces le dijeron a Valenta que me velara. Un desastre, hubo que retocarnos el maquillaje tres veces. Cuando iba a comenzar mi canción para entrar le dije a mi madre: El camino que recorrimos juntas ha sido hermoso y lo haría mil veces más, hoy también caminamos juntas hasta el altar, no podía ser de otra manera.
Con mi madre camino al altar / Foto: Don Ungaro
Gracias mamaíta, has sido la mejor compañera posible. Otra vez retocamos del maquillaje.
Mi amado llegó al altar junto a su orgullosa madre y la Tonada de Luna Llena magistralmente tocada por la Orquesta y Coro Pemón de Canaima. Luego mi cortejo con las niñitas que más adoro en la tierra junto a Pajarillo. Nuestros padrinitos ambos venidos desde NYC y, finalmente, con una canción pemón alucinante, Valenta y yo recorrimos juntas el camino hasta el altar.
Y suena bien hippie, pero la energía que nos acompañaba era para levitar. Las sonrisas, los aplausos, la alegría. En esa boda no había un alma que no estuviera feliz de estar ahí.
Nos encontramos en el altar / Foto: Don Ungaro
Llegué al altar donde me esperaba Fede, ese alma serena y paciente que me calma con mirarme, ese hombre de las paredes de piedra que explora mi alma como quien explora el Chimantá, mi compañero de viajes, de vida, de ilusiones. El biologuito tesista de aves me recibió emplumada, velada, feliz, con sus dos ojitos que detrás de los lentes me gritaban amores. 
Xavi bendijo los anillos, Canaima bendijo nuestro amor, el agua bañó nuestro pacto de amor infinito y celebramos, con la cena extraordinaria de Tamarita, la bailanta de Dj Tati y el paseo al Salto Ángel al día siguiente, que nos amamos.
Gracias Canaima por el agua, gracias familia por acompañarnos, gracias Valenta por entregarte a esta locura de un matrimonio en la selva, gracias Lia y Melón porque quién necesita un wedding planner si ustedes existen, gracias a todos los que fueron, ayudaron y gozaron, gracias amigas queridas por acompañarme, gracias infinitas a la vida por permitirme ser feliz junto al hombre que adoro. Gracias.
¡Nos queremos! / Foto: Don Ungaro