10 junio, 2014

FUERZA QUINTERO

Para explicar el por qué de este viaje tengo que empezar por los Quintero. Porque nosotros, más que una familia, somos un clan, una red de cariño y creatividad inagotable. Nos hacemos llamar la Fuerza Quintero y eso coreamos al vernos, eso nos enviamos como consuelo, como fortaleza, como expresión de solidaridad e infinito cariño. Para mi es un mantra, un poder que me acompaña, me impulsa cuando tengo miedo y me ataja cuando estoy herida. Un saber que por el mundo tengo abrazos y sonrisas. 
Eso vine a buscar en este viaje.
Una tarde me metí en el chat Fuerza Quintero y estábamos hablando de los ranchos de padrinos y madrinas que acostumbramos tener en la familia. Nunca se acuerdan, no mandan regalos, pero a la hora de querer, la queredera es irrestricta. Erika mi prima dijo que Catalina no tenía padrinos aún que si alguien se anotaba. Yo lo hice. Eufórica, además.
Entonces decidí que quería venir a Estados Unidos a conocer a Catalina. Era Enero y compré un pasaje que comenzaba en Miami y terminaba en Nueva York un mes después. No tenía idea de qué iba a hacer ni cómo, pero me venía a conocer a mi ahijada y a ver a mis primas que tienen montones de años viviendo aquí. Las extrañaba, sentía la imperiosa necesidad de estar cerca de ellas.
Llegué a Miami, vi a los amigos, a la ciudad y fui interceptada velozmente por la Fuerza. Mi primo Kris me buscó, nos fuimos a casa de la prima Roxi, conocí a dos de sus hijos y me reencontré con el otro y al día siguiente agarré carretera con Erikako (así le decimos a Erika) para Sarasota.
Erika en realidad es prima hermana de mi mamá, pero es más de mi edad porque es hija de Pedro que es el menor y yo soy nieta de Tony que era el mayor. En fin...un fastidio explicar el árbol genealógico. Lo que importa es que la quiero, desde siempre. Cuando estaba en el colegio, mi mamá la contrató para que me llevara y me buscara. Fue el transporte más feliz de mi vida. 
Luego aprendí a admirarla infinito cuando Sofía, su primera hija, se convirtió en mariposa y voló altísimo al cielo a los 5 años. La fortaleza de Erika, la manera de asumirlo. Tengo la entereza y la serenidad de mi prima pegada al alma desde ese día.
Supongo que eso hace que me venga hasta acá a verla, a conocer a su hija Catalina y a quererme con su hija Andrea que tiene ya 14. Tengo la extraña sensación de que la vida está a punto de cambiarme mucho. Y no, no estoy en estado. No, tampoco me voy del país. No tengo idea de qué es, pero quiero haberme pasado unos días con la Fuerzakako antes de que pase o no pase. Quiero tener cerca ese ejemplo de fortaleza sonreída, porque es bellísima Erika.
Los días en Sarasota fueron una delicia. Fuimos a la playa, a navegar en canoa con Catalina, a kayakear hasta ver al manatí que yo tanto quería. También lavé ropa y la doblé con ella, la acompañé al banco, al mercado, a la oficina, corté calcomanías. Vine en una de familia y sólo pasar el rato con Erika, Andrae, Catalina, Jason y Nacho el perro, es para mi la felicidad.
Finalmente comenzó nuestro road trip, agarramos el primer set de carretera hasta Charlotte para hacerle la visita al primo James. Desde que supo que venía y que podíamos vernos insistió un montón. Menos mal, porque fue una parada maravillosa. James nació aquí porque ya la tía Mercedes se había venido con su esposo Marcos hace añales. Sus recuerdos de Venezuela son vacacionales y habla un español perfecto con un fuerte acento americano. La calidez de su sonrisa es Quintero. El humor negro, desvergonzado y torpe, también. Es hermoso el primo James Jaimito y nos recibió con cena deliciosa y cariño a borbotones. Nos llevó a caminar por la ciudad y pudimos amapuchar a
Dusty su perro y conocer a Isa, su hija, que no habla nada de español pero entiende algo y sonríe como quien tiene una prima venida de lejos. Fue una parada perfecta que debió durar más.
Seguimos carretera y nos vinimos a Pennsylvania. Aquí he tenido la dicha de recibir el cariño de una familia que no es la mía, pero es la de mi ahijada Catalina pues vinimos a visitar a sus abuelos, los padres de Jason y suegros de Erika.
De una dulzura americana aderezada con queso Velveeta. Nos consienten un montón, se derriten por su nieta y me tratan como de toda la vida. Encantadores Norma y Kevin. Ni hablar de Lucy la perrita de mis sueños. Pero lo más bonito ha sido encontrarme con Jason, el esposo de Erika, que ha gozado enseñándome su infancia. Me llevó a ver la casa donde creció, a comer sus platos favoritos, sus cervezas favoritas, sus amigos y planes favoritos. Me conmueve el orgullo y el cariño con que lo hace.
Aquí en Pennsylvania me ha cautivado la naturaleza, supongo que el final de la primavera es un gran momento. Todo está ultra verde y frondoso y no hace nada de frío. Fuimos a la zona donde viven los Amish, fuimos a kayakear a Manatawne Creek con los amigos de Jason y preparamos truchas en la fogata y ayer fuimos a Philadelphia en una de edificios y de probar el archiconocido Cheese Steak en South Philly.
También llegó hasta acá mi tío Pedro, el papá de Erika, para unirse a la queredera. Es mi tío abuelo favorito de la vida y me tiene contentísima esto de andar de viaje con él. 
Poco a poco vamos engordando el clan que pronto se unirá con otras primas recontra amadas en Ithaca para acampar todos juntos. Por ahí vendrá un post para ellas.
En mi Instagram que es @arianuchis van a ver todas las fotos con el tag #fuerzaquintero y #viajeconpasaporte para que tengan un reporte gráfico de este viaje en el que la Fuerza Quintero contraataca al Imperio.


30 mayo, 2014

GÜERCOM TU MAYAMI

Miami se me hacía fatua, lejana. Una ciudad de malls que se exploraba en carros de lujo con el pelo rubio y los labios inyectados. Debe seguir teniendo algo de eso, pero en este viaje me encuentro con otra ciudad. Una en su adolescencia, repleta de vida, playa, arte, buena comida y afectos. Una capital panamericana donde se habla en español o en inglés, da igual. Un lugar donde mis compatriotas abren caminos, lo hacen con talento, con cariño y sobre todo, con muchísimo éxito.
Llegué el martes. Agotada tras rodar 12 capítulos de La Cocina de Babel y 10 de Al Aire Libre. Con el guayabo de haber regresado de un cierre de temporada perfecto de Babel en Paria.
Con el país apurruñado en el corazón, como andamos tantos venezolanos estos días.
Un viaje de afectos comienza con la familia y llegué a casa de Andrés, María Claudia y Mia para un primer shot. Tienen años aquí, Andrés es mi primo de cariño, el hijo de la comadre Lia, vivimos juntos en Boston hace ya muchos años y fuimos a Woodstok 99 juntos. Me cuidó el desorden y siempre lo he adorado. Maria Claudia me consiente porque ella es un pancito dulce y Mia se hace pipí a diario de la felicidad que le produce la Tía Ari.
Luego me encontré con Amaranta. Ama es el origen de este blog, ella me dijo en medio de sendos guayabos punzantes vividos en Buenos Aires: "abre un blog", y yo le hice caso. Ama es la alegría, la risa y las confidencias. Es una puerta al arte, los colores y lo bonito de vivir. Y fue su manito pequeña y genia la que me llevó a conocer Miami la ciudad sabrosa. Fuimos a la playa, a Lincoln Road, a Wynwood a ver murales, a comer rico y conocer gente deliciosa. Ama es el amor. Que su madre Esperanza aderezara esta visita fue oro puro.
Anoche, además -porque cuando decides viajar a través de los afectos estas cosas pasan- me tocó presenciar el primer toque de Telegrama en los Estados Unidos. Javier, su voz, es mi hermano del alma. Mi mejor amigo desde 2do grado. La primera vez que lo escuché cantar teníamos, no sé, 13 años y me cantó Sweet child of mine durante un breve galanteo adolescente. Luego fui a todos sus toques, celebré cada paso que lo alejaba de ser un prisionero y lo convertía en un músico. Lo defendí, inclusive,  ante su propia madre angustiada por el futuro y ante quien quisiera escuchar que yo creía en su talento como creo en la vida. Fue justicia divina verlo triunfar aquí. Lloré como una madre orgullosa. Como una hermana, seguramente.
La noche mayamera puso también a Laurita en mi camino, una manaza perdida y encontrada que me cambió la vida con una nube de cochino en Gigi´s. Puso el dulce acento gocho de Elina con quien deshojé la margarita del amor por el país que no se me acaba jamás. Y puso a Michi. A Michi mi hada madrina de la vida que en un abrazo nos decimos todo y entendemos todo.
Hoy me levanté tarde, con la sábana pegada, en un sofá, que es la metáfora constante de esta vida trashumante que me batuquea por el mundo.
Esta tarde seré finalmente secuestrada por la Fuerza Quintero. Ahora es que comienza el viaje de los afectos que se extenderá por toda la Costa Este de un país que, aunque me vio nacer, no es el mío, pero me recibe cariñoso de a ratos.

16 agosto, 2013

YO CORAZÓN MARACAIBO

El puente sobre el lago

Soy Montiel Montiel, de los Montieles de la calle derecha. Así decía mi bisabuelo Carlos Montiel Molero. Por eso, y por ser la única hija de Valentina Quintero, era una vergüenza de índole mayor que yo no conociera Maracaibo. Un exabrupto, un improperio y una lástima. He subido tepuyes, navegado ríos en kayac, explorado cuevas, recorrido todo este país, pero jamás había caminado por la Calle Carabobo, por Santa Lucía, ni me había parado a saludar a La Chinita.
Con las recontra talentosas hermanitas Alvarado
Por esas cosas de la vida, es un viaje de mi tía Inés Quintero la sabia, la historiadora, el que dispara la oportunidad. Inesita iba a hablarle del Fabricante de Peinetas a unas flamantes damas de cotolengo que tienen 45 años con un club de lectoras en la ciudad del sol amado. Lo soltó en el almuerzo, yo me entusiasmé; Valenta no se quedó atrás y los pasajes en avión se compraron.
La euforia estuvo a punto de ser opacada por un retraso masivo de aviones en Maiquetía que nos puso en suelo marabino como a las 10 de la noche. Nos buscó Maritza y nos dejó en casa de su hermana. Una casa espectacular de los años 50, con pisos de granito, gusto inmaculado y clase de esa que no compra el dinero nuevo. Nos acomodamos Inés y yo en un cuarto y Valenta en otro para no ser despertadas a las 5 de la madrugada que empieza mi madre a acomodarse para transmitir el programa de radio a las 6.
Santa Lucía
De madrugada comenzó la vida mi mamá, nosotras un poquito después y tras un desayuno en el que fuimos complacidas con mandocas, mis amigas queridas Valentina y Florencia me fueron a buscar. Las hermanitas Alvarado son de lo más cool que tiene la ciudad. Florencia es fotógrafo y su trabajo es un primor de sutilezas, retratos íntimos, personales, apenas texturas que hablan de la vida. Valen es una artista en lo que sea que haga, la mayoría la conoce por ser una de las creadoras de la marca Oh! Nena. Dejamos a Flo en una reunión y seguimos Valen y yo al banco. Si le caes un día de semana a un pana, es normal que te toque acompañar alguna diligencia. Buscamos a Flo, ahora acompañada por otra fotógrafa, Violette que andaba, como yo, de visita en Maracaibo. Las cuatro nos fuimos, a pleno medio día a pasear por el centro. Tomamos agua de coco, tomamos birras, Valentina buscó unas fulanas agujas, paseamos por la Calle Carabobo, nos metimos en el Caribe Concert a disfrutar el kisth bien asumido y conseguimos que nos dejaran entrar medio segundo a ver el Teatro Baralt por dentro que es un alucine.
Lectura matutina del diario regional
También pasamos por el búnker de Oh! Nena, a conocer (soy fan de sus tocados y tengo una mini colección de ellos) y a hacer unas compritas. Gocé viendo de dónde y cómo salían esas preciosuras que adoro encaramarme en la cabeza. De ahí buscamos a Irdia, la maracucha que hace corazones preciosos y los monta en collares, pulseritas, anillos y lo que se te ocurra. Irdia tiene que hacer corazones porque ella es un dulce de gente y sería absurdo que hiciera otra cosa.
En Babilonia, un restaurante árabe muy popular en Maracaibo, nos encontramos a Tati y otras más y nos sentamos a almorzar delicioso. Una conversa de mujeres todas creativas, hermosas, poderosas y fajadísimas. Me sentía una privilegiada entre ellas, no todos los días se sientas en una mesa 7 mujeres a hablar de cosas que importan.
El insólito Caribe Concert en la Calle Carabobo
De ahí comimos galletas de corn flakes y visitamos el máximo recinto del diseño nacional: Tapara. Una tiendita mínima donde el ojo experto de su dueña ha ido seleccionando lo más exquisito del diseño nacional para que uno vaya, delire y quiera llevarse todo.
Ya con la tarde cayendo me dejaron en el Club Náutico para encontrarme con mi madre y mi tía que estaba dando su charla. A las 6 agarramos el Tranvía en el parque de la Vereda del Lago donde miles de personas se entregaban a ejercitarse para luego comerse un Yoyo, unos patacones o cualquiera de esas maravillas recontra fritas que han inventado los maracuchos.
La Catedral de La Chinita
Hicimos el paseo. No lo disfruté mucho gracias a un repentino dolor de vientre que me dejó doblada en el asiento. Pero tuve una idea clara de lo que haría al día siguiente muy temprano y eso estuvo bueno para rendir el tiempo.
A las 6 de la mañana del día siguiente un taxi me esperaba en la puerta de la casa. Fui al centro, a Santa Lucía, La Chinita, a la Vereda del Lago y cerré cruzando para un lado y para el otro el Puente sobre el Lago de Maracaibo mientras mi cabeza no paraba de cantar "Cuando voy a Maracaibo y empiezo a pasar el puente, siento una emoción tan grande que se me nubla la mente..." (aquí la canción)
La simpaticura marabina
Esa misma tarde regresé a Caracas con la sensación de que soy Montiel Montiel de las Montieles de la calle derecha, quiero que me salga natural decir "mi alma", quiero usar la bata goajira que le regalaron a mi mamá hace años y que volveré a Maracaibo muchas, muchas veces más.