22 septiembre, 2009

Histeriqueo metereológico


Como grácil ciudadana de la línea del ecuador, me asombran las estaciones. Claro que en Venezuela hay estaciones, tampoco es un verano eterno, está la temporada de lluvia y la seca.  Pero el tema que me ocupa, ahora que estoy viajando por Argentina, es el histeriqueo meteorológico en este país que se supone tiene cuatro estaciones bien definidas. Histeriqueo: una palabra acuñada por estos sureños para referirse a comportamientos herráticos. Lo que nosotros llamaríamos andar en un "tira-y-encoje" permanente. A estos seres lo he visto actuar así, bien a menudo, les gusta, por algo lo nombraron.
La cuestión es que dicha propiedad, que asumíamos humana, se está apoderando del clima. Llegué a Buenos Aires blindada para sobrevivir el invierno gélido que me atacaría en agosto, lamento decir que la chaqueta de plumas que me prestó mi tía querida sólo la usé para un paseo de nieve por Mendoza y me la tuve que quitar varias veces cuando me agitaba. Inclusive hubo un día en que no se me ocurrió ver el pronóstico de tiempo y cuando salí tuve que arrancar a desnudarme porque en la calle hacían 30º. Lo malo no fue el calor, la maldición es tener que cargar todo un outfit guindado de la cartera: chaqueta, suéter, bufanda y medias panty de lana ¡chévere!
Todo eso fue raro, pero supuse que así se comporta el invierno en su ocaso. Una vez que escuché que la primavera comenzaba el 21 de septiembre, así con fecha y todo, tuve algo en que fiarme. Una esperanza de que algo sería un poco más estable. Por eso no escribí ayer, me pasé el día afuero viendo gente tirada en la grama y caminando sin suéter bajo el sol. Divino.
Tenía mis sospechas, el día antes llovió 24 horas sin parar, pero insisto en el optimismo, pensé que era el invierno despidiéndose de una vez por todas. Y sí,  el 21 llegó el sol con todo junto a la primavera, tanto que me compré un vestidito y par de franelitas sin mangas para mis últimas dos semanas.
Dormí felliz pensando que el sol me sacaría de la cama. Cuando me levanté a las 10am y el cuarto seguía oscuro mientras yo me preparaba a estrenar, ¡langa! era la lluvia otra vez.
Así que barajeo dos opciones: o yo -grácil ciudadana de la línea del ecuador- no entiendo de qué va la primavera y sí se supone que llueva y haga sol y llueva; o en efecto el histeriqueo argentino se apodera del clima.
Es probable que jamá descifre la respuesta, los argentinos son complicados, por ahora sólo se que el secreto del éxito es jamás confiar, hay que levantarse cada mañana a ver el pronóstico del tiempo en el canal 5 de aquí. Pero me frustra, los climas herrráticos cuando estás de viaje complican todo. Uno trae ropa para una sola estación. Yo me vine lista para el invierno y con la misma ropa he tenido que apañarme con un par de pequeños veranos, algo de primavera con árboles en flor, algunas lluvias otoñales y un frío invernal del serio en otras ocasiones. Ahora estoy por irme a Iguazú con una maleta más pequeña y siento mucho miedo porque no sé qué llevar.

1 comentario:

Ezequiel A. dijo...

¡Diosss! Las estaciones transitorias son oficialmente LO PEOR.
Aqui, empezando este mes, pasamos de estar una semana a 23º a estar a 9º. Pffff ¬¬'
Lo detesto, además que yo me irrito muchísimo si salgo de casa y no estoy vestido PERFECTAMENTE para la temperatura exterior. Y los días que amanece con frío invernal y calienta la tarde, ME PONGO FURICO.

XXXX!
eze