24 septiembre, 2009

Iguazú día 1


Voy a intentar esto de hacer un diario de viaje. Traje la compu, tengo wi-fi, me vine íngrima y sola a Iguazú y supongo que tendré tiempo cada noche para contar mis peripecias.
Cuando voy a viajar me levanto temprano, no importa si el vuelo es a media noche, lo hago por ansiedad. Así fue hoy, me bañé, desayuné, terminé de arreglar la maleta y me fui al pilates. Salí de mi clase a la 1pm y, en lugar de salir de una vez al aeropuerto (mi vuelo era a las 2:20pm), decidí procrastinar un rato más. Llegué y vi el cartel de LAN que decía "Todos los vuelo cierran media hora antes de la hora de partida". "¡Damn!" pensé, faltaba como medio minuto para que la amenaza se materializara. La chica me ve, ve mi itinerario y grita hacia la fila "¿algún otro pasajero a Iguazú?... nada, yo era la última. Sigue con lo suyo y al darme el boarding me dice que el vuelo estaba sobrevendido, que me puso en espera y que me vaya a la puerta "a ver". Me apuro, llego a la puerta 6 y lo que "veo" es una muchedumbre embarcando. Me pregunto por qué va tanta gente a Iguazú y si todos van a estar mañana viendo la misma cascada que yo. Creo que prefiero ir a Canaima en avionetica (aunque sean unas taritas aterradoras) para sentirme más exclusiva. Entran los dos últimos pasajeros.  La chica me ve con indiferencia, habla por un telefonito y me dice "pasa".
Cuando entro al avión lamento que el vuelo no sea más largo porque esta mamarracha impuntual acababa de ser recompensada por su dejadez con un puesto en clase ejecutiva ¡wooooojoooooo!!!
Llegué, tomé un taxi de 80 pesos (caro), llegué a la posada que había reservado por internet y me recibió Walter amabilísimo. Todo bien básico, pero con un jardincito precioso. Llegué desmelenada del hambre y justo al lado hay un restaurante donde hacen woks. Me sentí raro comiendo sola y apliqué la del libro, es perfecto, lo recomiendo. Me da la impresión de que hasta interesante debo verme con mi "Kitchen" de Banana Yoshimoto.
Volví a la posada, hice buenas migas con un gringo gay fabuloso, un par de irlandesas y una inglesa. Sí, estoy en la clásica posada que los europeos adoran. Básica, barata, algunas habitaciones se comparten, la cocina es común y el ambiente relajado. Luego descubrí que tengo wi-fi y me vine a mi cuarto, la PC de la posada está demasiado concurrida.
Entro y hago casita, una costumbre de mi madre que consiste en deshacer la maleta e instalarse. Escribo, veo mi feisbuc, mis correos y escucho varios idiomas que provienen de la terraza y se cuelan por mi ventana. Ahora voy a dormir y mañana sigo contando.

1 comentario:

Ezequiel A. dijo...

A, yo hice pilates un año. Teníamos clases gratis en la residencia =)
¡Nada mejor que el overbooking cuando te pasan a primera!
¡ME DESCOJONO CON TUS CUENTOS!