25 septiembre, 2009

Iguazú día 2: río crecido


Estuvo lloviendo bastante por Brazil y las cascadas pasaron de tener 1millón de litros cúbicos por segundo a alrededor de 6 o 7. Porque sepan algo, el 85% por cierto de los saltos son argentinos, pero el río es brasilero, y si llueve allá, se ve aquí. Insólito. Sigo alhelada con el poder del agua.
Voy a la crónica, breve porque tengo sueño. Me levanté tempranito, desayuné té y pan, me fui hasta la esquina y agarré el "Práctico" (autobús popular, pues) y me arranqué a las cascadas. Asombrosa la muchedumbre que va, pero el lugar es inmenso, no me sentí abrumada.
Llegué directo a mi plan del botecito, me emparamé con agua desbarrancada y conocí a Mayra, una ecuatoriana encantadora que viajaba tan solita como yo. Le dije que nos acompañáramos durante el resto del recorrido y me invitó a ir con su guía: un negrito brasilero llamado Tadeu que era como el alcalde del parque, todos lo conocían y trataban con cariño. Se lo merece, Tadeu es el mejor guía en el mundo, lo adoré y a Mayra más por salvarme de la ignorancia y presentármelo. La pasamos de lujo todo el día. Paseamos por el circuito inferior, el superior, agarramos el trencito y se nos descolgó la mandíbula ante el performance de poder que nos ofreció la Garganta del Diablo. Yo, que rindo culto a la palabra, me quedo muda. No sé cómo decirlo. Mayra comentaba en la pasarela que ama el agua, no le teme, podría morir ahogada. Cuando presenciamos semejante desaforo líquido bastó una mirada para saber que Mayra desea desaparecer en ese alboroto un día, cuando ya no quiera más de esto.
Fue un día movido, hermoso. El Parque organizadito, con pasarelas, carteles, casitas de información, montones de servicios. Parece primer mundo. Aún así conserva su encanto, te sigues sintiendo en un entorno natural, salvaje. Un día crece el río de verdad y se lo lleva todo.
Tomé fotos de Iguazú, koatis, mariposas, arañitas y el barquito mira aquí