Estuve en Margarita, laisla, la perla del Caribe, cómo quieran decirle. Todo el que se precie de cierta venezolanidad ha estado aquí alguna vez. Aquí se va a la playa, se compra güisqui barato, se hace shopping en el Sambil, se come empanada, cocada, se celebran matrimonios tropicales, se construyen edificios que permanecen en el abandono y se rumbea parejito. Yo tuve la fortuna de comprarme un espacio frente al mar para poder llegar a laisla cada vez que me provoca, y me provoca seguido. En esta ocasión vine a pasear a mi biologuito que había venido poco y conocía menos.
Día 1: mi tour margariteño favorito.
Nos levantamos temprano y vamos a desayunar en el mercado de Conejeros. Creo que es siempre la mejor manera de conocer cualquier lugar. Par de palanganas de jugo de lechoza y mandarina, arepas con cazón y aguacate y una empanada para rematar. Sonrisas, alaridos y ese acento maravilloso del oriental.
De ahí nos vamos a Macanao, donde permanece lo más genuino de la isla. Hacemos una parada en Boca del Río para visitar el Museo Marino que está por cumplir sus 15 primeros años. Hace 5 estuve aquí dirigiendo un documental que serviría para ilustrar las labores del museo en su décimo aniversario. Me encuentro con cariños de esa época, entre ellos el más querido que es Fernando Cervigón, mejor conocido como Dr. Cervigón y para mis secuaces documentales “Cervi”. Si no han ido, es hora de hacerlo, se trata de un recinto de orgullo por lo nuestro, especialmente las salas en dónde se ilustran las artes de pesca y la carpintería de ribera. Un trabajo impecable.
Seguimos hasta Playa La Pared, amplia, azulita, de arenas limpias y claras enmarcadas en un paredón de tierra roja que funge de centinela marino. Me dedico a broncearme y ver para allá. Keala –mi amable compañera canina- que se tuvo que quedar bajo la tutela de un artesano mientras estábamos en el museo, goza dándose baños de mar y arena. Nos hacía falta a las dos.
La siguiente parada es Punta Arenas para echar una caminadita de playa. Acto seguido el deportista se cambia de look y arranca en bici desde Punta Arenas hasta la autopista principal que nos lleva a Porlamar, lo hace por el camino largo para entrenar más. Me conmuevo al verlo fajado en ese paisaje amplio de rojos, cactus y azules turquesa, cuando ve las Tetas de Maria Guevara en el horizonte se emociona y levanta los brazos. Entiendo que el amor a la naturaleza nos une tanto como el nuestro. Volvemos a Porlamar felices, hacemos mercado, me cocina la cena y esperamos con los ojitos cerrados a que vuelva a salir el sol.
Seguiré contando esta historia...
Día 1: mi tour margariteño favorito.
Nos levantamos temprano y vamos a desayunar en el mercado de Conejeros. Creo que es siempre la mejor manera de conocer cualquier lugar. Par de palanganas de jugo de lechoza y mandarina, arepas con cazón y aguacate y una empanada para rematar. Sonrisas, alaridos y ese acento maravilloso del oriental.
De ahí nos vamos a Macanao, donde permanece lo más genuino de la isla. Hacemos una parada en Boca del Río para visitar el Museo Marino que está por cumplir sus 15 primeros años. Hace 5 estuve aquí dirigiendo un documental que serviría para ilustrar las labores del museo en su décimo aniversario. Me encuentro con cariños de esa época, entre ellos el más querido que es Fernando Cervigón, mejor conocido como Dr. Cervigón y para mis secuaces documentales “Cervi”. Si no han ido, es hora de hacerlo, se trata de un recinto de orgullo por lo nuestro, especialmente las salas en dónde se ilustran las artes de pesca y la carpintería de ribera. Un trabajo impecable.
Seguimos hasta Playa La Pared, amplia, azulita, de arenas limpias y claras enmarcadas en un paredón de tierra roja que funge de centinela marino. Me dedico a broncearme y ver para allá. Keala –mi amable compañera canina- que se tuvo que quedar bajo la tutela de un artesano mientras estábamos en el museo, goza dándose baños de mar y arena. Nos hacía falta a las dos.
La siguiente parada es Punta Arenas para echar una caminadita de playa. Acto seguido el deportista se cambia de look y arranca en bici desde Punta Arenas hasta la autopista principal que nos lleva a Porlamar, lo hace por el camino largo para entrenar más. Me conmuevo al verlo fajado en ese paisaje amplio de rojos, cactus y azules turquesa, cuando ve las Tetas de Maria Guevara en el horizonte se emociona y levanta los brazos. Entiendo que el amor a la naturaleza nos une tanto como el nuestro. Volvemos a Porlamar felices, hacemos mercado, me cocina la cena y esperamos con los ojitos cerrados a que vuelva a salir el sol.
Seguiré contando esta historia...




