23 noviembre, 2009

LAISLA QUE TE ADORO I


Estuve en Margarita, laisla, la perla del Caribe, cómo quieran decirle. Todo el que se precie de cierta venezolanidad ha estado aquí alguna vez. Aquí se va a la playa, se compra güisqui barato, se hace shopping en el Sambil, se come empanada, cocada, se celebran matrimonios tropicales, se construyen edificios que permanecen en el abandono y se rumbea parejito. Yo tuve la fortuna de comprarme un espacio frente al mar para poder llegar a laisla cada vez que me provoca, y me provoca seguido. En esta ocasión vine a pasear a mi biologuito que había venido poco y conocía menos.
Día 1: mi tour margariteño favorito.
Nos levantamos temprano y vamos a desayunar en el mercado de Conejeros. Creo que es siempre la mejor manera de conocer cualquier lugar. Par de palanganas de jugo de lechoza y mandarina, arepas con cazón y aguacate y una empanada para rematar. Sonrisas, alaridos y ese acento maravilloso del oriental.
De ahí nos vamos a Macanao, donde permanece lo más genuino de la isla. Hacemos una parada en Boca del Río para visitar el Museo Marino que está por cumplir sus 15 primeros años. Hace 5 estuve aquí dirigiendo un documental que serviría para ilustrar las labores del museo en su décimo aniversario. Me encuentro con cariños de esa época, entre ellos el más querido que es Fernando Cervigón, mejor conocido como Dr. Cervigón y para mis secuaces documentales “Cervi”. Si no han ido, es hora de hacerlo, se trata de un recinto de orgullo por lo nuestro, especialmente las salas en dónde se ilustran las artes de pesca y la carpintería de ribera. Un trabajo impecable.
Seguimos hasta Playa La Pared, amplia, azulita, de arenas limpias y claras enmarcadas en un paredón de tierra roja que funge de centinela marino. Me dedico a broncearme y ver para allá. Keala –mi amable compañera canina- que se tuvo que quedar bajo la tutela de un artesano mientras estábamos en el museo, goza dándose baños de mar y arena. Nos hacía falta a las dos.
La siguiente parada es Punta Arenas para echar una caminadita de playa. Acto seguido el deportista se cambia de look y arranca en bici desde Punta Arenas hasta la autopista principal que nos lleva a Porlamar, lo hace por el camino largo para entrenar más. Me conmuevo al verlo fajado en ese paisaje amplio de rojos, cactus y azules turquesa, cuando ve las Tetas de Maria Guevara en el horizonte se emociona y levanta los brazos. Entiendo que el amor a la naturaleza nos une tanto como el nuestro. Volvemos a Porlamar felices, hacemos mercado, me cocina la cena y esperamos con los ojitos cerrados a que vuelva a salir el sol.
Seguiré contando esta historia...

17 noviembre, 2009

VIAJAR CON CONFERRY



¿Viajar a Margarita en avión? Muy fácil. Compras el pasaje o por Internet o en una agencia de viajes, no te tomará más de 15 minutos y sólo necesitas una forma de pago. Te pasas media hora bajando a Maiquetía, –escenario ultra optimista- una hora esperando para embarcar, media hora de vuelo y lo que tarden en salir las maletas –a mi amiga Paloma le costó 40 minutos de penuria éste último paso- y llegaste a laisla.
¿Viajar a Margarita con Conferry? Agárrense los pantalones. Te tienes que empujar o a Plaza Las Américas o a Plaza Venezuela. Si la temporada decembrina está a la vuelta del mes, harás por lo menos una hora de cola en las oficinas de Conferry. La mujercita de la taquilla va a estar sumamente aburrida y lenta, por ello te preguntará mínimo seis veces a qué hora es que quieres viajar tú. Necesitas llenar una planilla y llevar fotocopia de la cédula y los papeles del carro. Si el ferry sale a las 2 de la tarde, debes agarrar carretera por lo menos a las 7:30am para llegar a Puerto La Cruz con cancha y calculando la cola que te va a azotar en Barcelona. Par de horas bajo la pepa de sol más inclemente que se haya visto y comienza el embarque. Como viajo con mi perrita, prefiero irme en el ferry tradicional para que podamos viajar juntas en la terraza del barco, yo guindo mi hamaca y converso con los camioneros mientras Keala dormita a mi lado embelezada con la brisa marina. Es más largo y desvencijado, pero a mí me da igual. Por ello pienso que para estar en la cubierta del barco debe bastar con un pasaje turista. No señor, si no tiene primera no tiene derecho a cubierta un carajo, usted va para abajo. Bajo resignada y no está tan mal. Hay unos ventanales enormes y el calor es manejable. Conseguimos dónde guindar un par de hamacas y me siento complacida. Con nosotros viaja la “Banda Generalísimo Santiago Mariño”, organización juvenil de Margarita que venía de tocar en El Tigre. Tres muchachitos se me acercan para jugar con Keala y me cuentan de las peripecias de la banda: que terminaron tocando a las 10pm, que a la gente le encantó y que están ensayando a diario para los carnavales que se acercan. Un amigo les dice algo y escucho ¿qué pasó, vamos a tocar? Entro en pánico en el acto, pero creo fielmente en aquello de quedarse callada para que no pase. Poco después empiezan a afinar los instrumentos y en menos tiempo del que puede uno prepararse psicológicamente para semejante locura ¡TARATÁN!!! Arrancan a tocar eufóricos los músicos neoespartanos. Me encuentro inmediatamente en la disyuntiva entre morir de amargura o vacilarme el evento popular-cultural. Obviamente me voy por la segunda idea, bastante más sana. Se arma rolo de parranda en la clase turista del ferry, cervezas van y cervezas vienen. La banda no toca marchas marciales, se pasean entre mambos, merengues, Los Adolescentes, Olga Tañón y hasta al reguetón le meten. Con nosotros también viajan los estudiantes de Ingeniería de la ULA (Universidad de Los Andes) que se pegaron un viaje bastante más largo que el mío atravesando el país de Occidente a Oriente y se rumbean el asunto frenéticos. Uno de ellos se hizo de una charrasca que no paró de sonar hasta que llegamos a Margarita. A la tercera birra comienzo, genuinamente, a divertirme con el rumbón turista y hasta le doy a la patica entusiasmada, aplaudo, grito y felicito enardecida al timbalero. Menos mal que el viaje es largo y tras dos horas de jaleo se cansa todo el mundo desparramando sus humanidades en cuanto banquito estuviera libre para dormir el ratón y la bailanta. Llegamos a Margarita junto al atardecer más hermosos de la vida y me voy de mi experiencia turista dándome abrazos con mis amigos de la banda. Llego a la conclusión de que viajar con Conferry será siempre un suplicio, pero depende de uno cómo vacilarse al sufrimiento.

11 noviembre, 2009

Abuelita primorosa


El fin de semana lo pasé en Caracas sin novedades. Pero no me aguanto mucho, así que el domingo en la noche arranqué para Caruao con la adecuada excusa de amanecer en la casa de mi abuelita el día de su cumpleaños 76. Por ser lunes no habría saraos familiares ni desayunos multitudinarios, de hecho, por la misma razón es que mi abuelita santa levantóse a las 6am en punto a lavar la ropa. Los lunes se lava en Caruao así sea 1ro de Enero, llueva a baldes, se caiga la montaña o llegue a visitar el rey de Egipto. Ni los cumpleaños aplican. Es así y punto. A esa edad las manías se respetan y se cumplen.
Llegamos la noche del domingo justo a tiempo para agarrar a la abuelita despierta y que nos consintiera con cenita. Nos acostamos a dormir temprano como es costumbre en esos lares. Con los primeros rayos del sol salí a rendirle tributo a mi pichicucha tomándole fotos a todas sus flores. Mi manera de honrar la labioriosa faína de sus manos amables. Para mí es magia cómo crecen las maticas de su cariño por toda La Guachafita -sí, así se llama el terrenito de Caruao- agradecidas con sus ademanes.
Aprovechamos también para estrenar el kayak inflable en el río de Caruao ante los asombrados ojos de mi abuelita. La expedición de agua dulce fue un exitazo, pero el mar de Caruao que no tuvo contemplaciones ni benevolencias con el par de kayaquistas de aire. Estuvo fúrico, venteado y antipático. Igual fue divino saber que contamos con ese saquito para meternos en las playas recónditas y saciar la curiosidad de llegar un poquito más allá. Yo, que tengo 16 años frecuentando Caruao, moría por ver qué había río arriba y quedé gratamente sorprendida. Vimos un gavilán enorme, un Martín Pescador agilísimo, pecesitos y pecesotes, además de mucha vegetación y agua.
Regresamos para hacer la meriendita con mis abuelos y como el biologuito, escalador, que también es ciclista, debía entrenar, salimos temprano hacia la capital para que él hiciera el recorrido en bicicleta hasta Los Caracas. Para mí que soy semi zángana, fue sencillamente heróico. Llegamos a Caracas de noche a comentar la odisea con mi madre que nos recibió con un vodka.
Abuelita linda y primorosa, estas fotos son para ti.

05 noviembre, 2009

LA FELICIDAD DE REMAR


Desde hace ya un tiempo acostumbro salir a remar con la gente de Biotrek, una operadora que se dedica a organizar paseos en kayak por toda Venezuela. Es muy sencillo,  entras en su página www.biotrek.com.ve, te inscribes para que te manden los boletines y te enteras cada mes de cuáles serán los paseos para ver en cuál te anotas. Incluye absolutamente todo: equipos, comida, seguridad y paisajes. Los hay largos y dífíciles, cortos y tranquilos, relajados, de aventura, de río, de lagunas o de mar. A mí lo que más me cautiva de pasear con Biotrek es estar cerquita de la naturaleza y poder compartir con Aramis, su fundador. Lo conocí por el trabajo con la Guía Extrema y su historia me resulta fascinante. Aramis era un hombre de corbata y aire acondicionado que amaba remar y lo dejó todo para dedicarse a su pasión. Organizó la operadora y comenzó poquito a poco. Hoy tiene una flota importante de kayaks y una compañía sólida y responsable cuya operación es sencillamente impecable. Además, entre una remada y otra nos hemos hecho buenos amigos. De más está decir que aprecio muchísimo esa amistad.
El fin pasado me fui con Biotrek a remar feliz desde Puerto Francés, muy cerca de Higuerote, hasta una playita que se llama San Judas y queda justo entre Caracolito y Majagua. El biólogo, que también es escalador, se aprovechó de sus brazos fuertes para remar siempre de primerito, estaba fiebrudísimo ante el descubrimiento de una nueva actividad de aventura y exploración. El día nos recibió brillante y despejado, el mar verde esmeralda, absolutamente plato, un día perfecto para remar sin complicaciones. Yo fui por primera vez en un kayak single, Aramis insistió en mi capacidad para hacerlo cuando le dije que me montara en un doble. La verdad es que lo impuso con una convicción que no dió para pataleo, así que me fajé a remar yo solita de una playa a otra y a tomar fotos en el interín. Me sentí muy orgullosa de mí, porque si bien no iba encabezando el grupo como mi escalador, tampoco fui la flojucha que se quedó de última, me mantuve en un sano intermedio.
El día de playa estuvo divino, hubo prácticas de kayak surf, mucho sol y a final de la tarde la plaga nos escupió de San Judas para remar de nuevo hasta Puerto Francés viendo la luna de frente y el sol en la espalda.
Si quieren ver las fotos, entren en mi flickr