29 julio, 2010

PARAMOTOR SOBRE LA SABANA

Siguiendo con los cuentos sabaneros. En toda la entrada a Santa Elena de Uairén está Ruta Salvaje, la gran operadora de aventura de la Gran Sabana. Ahí te encuentras a Iván Artal, un tipo tranquilo que cada vez que sonríe deja salir toda una vida viendo tepuyes, ríos e inmensidad. A él se le ocurrió que era posible pasar por detrás del Salto Yuruaní y luego hacer rafting ahí mismo y ese se ha convertido en un planzaso para los que buscan un contacto más cercano con los elementos. Ahora dió con la idea de hacer vuelos en paramotor y eso para mí lo convierte, automáticamente, en un genio. Hay lugares cuya inmensidad sólo es posible intentar abarcarla desde el cielo, y La Gran Sabana está en ese rubro. En lo que vi el aparatico en la oficina de Ruta Salvaje supe que me iba a montar en este viaje y así fue. 
Nos levantamos de madrugada para aprovechar la mejor luz y condiciones de viento. A las 6am estábamos mi mami, mi primo Ale y yo como unos claveles esperando a Iván. Salimos hacia una colina cercana, en las riberas del Río Kukenán, justo donde se divide el Parque Nacional de la tierra normal y corriente. No tiene sentido explicarles la locura de los puri puri hambreados tras la larguísima sequía que azotó la sabana. Fue sencillamente esquizofrénico, no hubo repelente que valiera y nuestros brazos recién levantados se convirtieron en ventiladores tratando de proteger, por lo menos, la cara. Además, una capa blanca y espesa de neblina cubría la sabana y no parecía tener ningunas ganas de levantarse de ahí. El rocío humedecía cada pedacito de vegetación. Esperamos.

Ya cansados de esperar y luchar contra los puris, decidimos intentarlo. Prendieron el ventilador del paramotor, nos encaramamos sobre la capa de neblina y otra capa de nubes nos esperaba más arriba. Me bajé en absoluto estado de frustración fotográfica. Puro blanco por todas partes.
Se encaramó la Quintero después de transmitir la Guarandinga por teléfono dando manotazos, y la cosa empezó a desperezarse. Se montó Ale y se abrió ese cielo azulito. La luz comenzó a darle forma a la sabana y me monté de nuevo. 
Debo confesar que mi sueño era ver tepuyes. Demasiado pedir en pleno invierno, pero estuve feliz sobre esa inmensidad de sabana, morichales, ríos. Verde, verde, verde. Eso sí, se la tengo juradita. En Octubre vuelvo única y exclusivamente a intentar volar cerca de un tepuy para llevarme esa foto. Ya verán.



26 julio, 2010

GRAN SABANA EN INVIERNO

Algunos paisajes pueden convertirse radicalmente con los cambios de estación y ese es el caso de La Gran Sabana. En verano es la época de los cielos azules, los tepuyes se muestran impúdicos, los ríos bajan la guardia y se tornan dóciles, accesibles, los excursionistas son felices ante el horizonte despejado y los puri puris cogen mínimo. También es la pesarosa época de las quemas.
En invierno todo cambia. La sabana se pone verde clarito, brillante, los chaguaramos se inundan, los ríos despliegan su poder, los puri puri se desperezan hambrientos y los tepuyes dejan la coquetería para ponerse a trabajar en la producción de agua y más agua para esa inmensidad sedienta.
Son dos espectáculos disímiles. Fascinantes ambos. Yo acabo de llegar de esa sabana lluviosa y verdecita, andaba con mi madrecita y mi primo en la de trabajadera de la guía. Como fue un viaje largo lo dividiré en varios post cortos, temáticos, con sus foticos.

Esta vez quiero que vean el salto del Río Yuruaní en su máxima expresión, porque yo jamás había presenciado en él esta demostración de fuerza , igual me asombré con el Salto Kamá, el Kawi y Salto Paraíso. Insólitos. De ríachuelos silvestres y mansos pasan a convertirse en bestias que reparten vida oxigenada. 
Sí es verdad que no es la mejor época para ver los tepuyes, pero si tienes la suerte de que se despejen, los ves chorreando de cascadas por todas las paredes en su habitual faena de regar la sabana y te consuelas con extraordinarios baños de río que incluyen masajes en algunos salticos pequeños. En las pozas te puedes lanzar de cabeza y nadar con cancha y por toda la sabana se ven los dedos de agua paseando por la inmensidad y pintando de fresco el paisaje y en las mañanas la neblina cubre de rocío cada matica.

18 julio, 2010

LA LAGUNA DE TACARIGUA DESDE EL CIELO

La primera vez que vi un paramotor me resultó un artefacto bastante marciano. Es algo así como un triciclo al que le pegan un ventilador gigante atrás y un ala de parapente arriba. Al contrario del parapente, no se requiere de una montaña a la que le pegue el viento de frente para volar, funciona en tierras planas donde el triciclo ruede sin problemas con su ventilador/motor hasta elevarse.
Como con todos estos asuntos, no soy yo una buscadora compulsiva de adrenalina, pero sí de paisajes. Cuando supe que Expedición Eólica estaba volando en paramotor sobre el Parque Nacional Laguna de Tacarigua llamé de inmediato y me pasé semanas tratando de cuadrar mi vuelo. Unas semanas yo no pude, otras ellos no iban, la última se atravesó la final del mundial, hasta que finalmente logré organizarme con Nathaly y René para volar este sábado.
La miniatura de gran persona que es Nathaly Rizo me pasó buscando a las 10am, recogimos a dos tripulantes más y nos encontramos en la via con René y un amigo holandés. Les cuento, René estudió Mantenimiento Aeronáutico, es piloto de parapente y tiene desde hace años Base de Nube, su operadora y escuela de este deporte. Unió su destino a Nathaly, egresada en Turismo y estudiante de Derecho,  para crear Expedición Eólica, una fundación que se dedica a viajar en paramotor por todo el país y lleva a niños, tanto de bajos recursos como discapacitados, a conocer el cielo en estos aparaticos. Cuando vi el video que prepararon para el Festival Ascenso, donde unos chamos de La Colmena de la Vida echan su cuento de pájaros, lloré descontroladamente. Me sentí profundamente conmovida. Si para mí, que gracias a la vida lo he tenido todo, significó tanto la experiencia de volar, no puedo imaginarme lo que es regalarle ese privilegio a unos chamos que se la han visto tan dura.
En fin, me buscan el sábado y arrancamos a la Laguna de Tacarigua. Primera sorpresa: nos para la policía en Mamporal, nos hacemos a un lado ciudadanos y una señora con una franela roja que reza "Buroz no se detiene" nos informa que están parando a la gente para que paguen el impuesto del vehículo ahí, que son sólo 26Bs, pero que si nos para la policía, la multa es de 400Bs. Decidimos que no caemos en ese tipo de informalidades. Sí vamos a pagar impuestos, pero depositando en un lugar serio que te garantice que los 26 no son "pal fresco" y seguimos. Curioso, por decir lo menos.
Llegamos a destino al mediodía un con un hambre voraz. Nos sentamos en un restaurante llamado El Sol Saliente. Más que peculiar. Una churuata abierta a la brisa de la laguna, con sillas y mesas vestidas a lo salón de fiesta en franco deterioro y un menú honesto basado en el famoso lebranche, los camarones y tostón. De fondo musical, Serenata Guayanesa. Se le agradece en este país de regetón y vallenatos.  Pedimos el lebranche a la brasa con tostones y me tomo la birra más fría del mundo. Esa primera impresión me deja contenta. Sacan una bandeja para demostrar la frescura del lebranche. No entiendo mayor cosa al respecto, así que asumo que va a estar estupendo y espero. Presencio el encendido de la brasa y la preparación del pescado. Cuando llega a la mesa me quiero morir de la emoción. El ahumadito de la brasa, el punto perfecto de cocción, la blancura de la carne, el tamaño de los limones. Perfecto, sencillamente perfecto. Deliro. Buen abrebocas para lo que me esperaba.
Le hacemos una visita al guardaparques. Una vez más me asombra la mística de estos seres abandonados a su suerte por el descuido del gobierno. Inparques debe ser la institución más descuidada en estos 11 años de locura. Averiguo todo lo que quiero saber del parque y seguimos a la playa a volar. Finalmente.
René, con ayuda del holandés, arma su aparataje construído por el mismo. Los niños se acercan curiosos y muchos de ellos le ayudan. Cuando está listo sale a volar Mayra, una de las chicas que vino en el carro conmigo. Le ponen su casco, la sientan, la amarran, prenden el ventilador, arranca el triciclo, se levanta la vela y se despegan las rueditas del cielo. Escucho gritos de felicidad. Me baño en el mar y viene mi turno. La constante presencia de los dientes de Mayra recién aterrizada resultan un buen augurio. Mismo proceso y mis pequeños ojos se abren para abarcar todo el horizonte. Hago mi primer Tweet del aire y arranco a tomar fotos frenéticamente. No me creo lo que estoy viendo. Cada vez más me convenzo de la maravilla de esta perspectiva aérea, esta manera de abarcarlo todo. Mucho verde, todo un bosque de mangle que separa a la franja de arena junto a la inmensidad del océano del agua salobre. La Laguna de Tacarigua es un humedal de importancia internacional, mantiene montones de especies de aves, al caimán de la costa, alimenta a los flamencos y en esa enorme franja de arena solitaria anidan cuatro de las 5 especies de tortugas marinas que visitan esta tierra. Pienso en todo eso mientra la recorro con los ojos. Es un espectáculo conmovedor.
Vuelven mis paticas desnudas a la arena, me baño en el mar, medio mareada de tanto ver a través del lente y me prometo volver a la Laguna de Tacarigua para explorarla mejor a nivel de mar. Desde arriba ya nos conocemos.

Si quieren vivir la experiencia: Expedición Eólica o Base de Nube. También los pueden seguir en Twitter @expedicioneolica

07 julio, 2010

UNA MAÑANA EN CUBAGUA

Este fin de semana estuve en Coche, sí, la que junto a Margarita y Cubagua forman en Estado Nueva Esparta. Se casaba mi queridísima Michelle con Dieguito, frente al mar, como debe ser. Al formar parte del equipo de hadas madrinas, supe que debía estar linda aunque mi adorado biologuito no me acompañara por haberse ido a escalar a Perú. Me sequé el pelo el viernes, elegí ropa marinerita y me encaramé en un avión rumbo a laisla tempranito en la mañana. En el taxi rumbo a El Yaque escuché cómo comenzaba el partido con un gol de Alemania, otra parte la leí en el Twitter mientras el peñero llegaba a Coche y finalmente llegué a la posada para ver la polémica salida de Argentina del Mundial. Ya aliviada al saber que no vería a Maradona desnudo, almorcé, me acicalé y arranqué al Punta Blanca a encontrarme con el resto de las haditas madrinas para asistir a la misa. Mi amiga estuvo preciosa, la rumba fue un éxito total y rotundo y el plan del domingo fue echarse en Playa La Punta a recuperarse. Esa noche, el querido compañero de faenas Mega, Miguel Arias, me hizo una invitación a la que no me pude negar: 
-Vámonos para Cubagua mañana. 
- Vamos pues.
A las 8am estábamos comiendo cazón y tajada en El Oasis y a las 9am en Playa La Punta esperando el peñerito rumbo a Cubagua. Nos montamos Miguel y yo, el capitán, un asistente y una cava llena de birras. La verdad es que a las 9 de la mañana, y para hacer snorkeling, no me provoca echarme palo. Habría preferido un juguito de naranja.
Llegamos al arrecife. El capitán saca una caja con máscaras y otra con zapaticos plásticos. Pregunto por las chapaletas y el snorkel. No hay. El tour es CAMINANDO sobre los corales. Siento un puñal en la barriga. 
- ¿Señor, usted sabe que los corales no se tocan y menos se pisan porque se mueren?
Se ríe de mí. Le repito que sí se mueren, que en todos los arrecifes coralinos del mundo la primera instrucción es no tocar. Menos, pisar. Que en menos de un año van a haber matado todos los que hay, que es una abominación y que ni me pienso poner los zapaticos. No seré partícipe de semejante maltrato al ecosistema. Estoy furiosa. Igual entro al agua y trato de alejarme para no ver al capitán y su asistente caminar por los corales. Los escucho bromear a lo lejos: 
- Zi, zi, mira como chillan las piedras. 
Lo que veo a través de la máscara es todo un arrecife a punto de terminar de devastarse, corales rotos, muertos, poquísima fauna. Lo comentamos con tristeza Miguel y yo. Aterrados.
Salgo cansada del agua, como te dan máscara y no snorkel, tienes que sacar la cabeza para respirar todo el tiempo, y sin chapaletas el esfuerzo es mayor. 
Entonces veo a un grupo de gente que se baja de otra embarcación con arpones. Le pregunto al capitán si no está prohibido arponear, me dice que sí, le pido que se acerque a la otra lancha y no lo hace. De lejos les grito bravísima que eso está prohibido y que los voy a denunciar en La Guardia. Parece no importarle. Pronto descubro por qué.
- Mucho gusto sargento, mi nombre es Arianna Arteaga ¿aquí está prohibido arponear?
- Sí.
- Pues acabo de ver a una embarcación hacerlo, se llamaba Renegado y tiene el casco blanco.
- Sí, bueno, las drogas también son ilegales y circulan por ahí. Además, no tengo peñero para buscarlos.
Silencio. Lo dejo de ese tamaño. Me ha dejado sin palabras. La indolencia.
Snorkeleamos, de nuevo con máscara y zapaticos, en el ferry hundido. A pesar de la precaria situación de no snorkel y no chapaletas gozo porque abunda la fauna marina, el agua está clara y me da una mezcla divina de sustico con admiración ver el cadáver que yace para regalar nueva vida en sus entrañas. Vale la pena totalmente hacer esta inmersión.
Vamos a la playa entonces, el Negro de Lila está sentado tranquilito en su rancho. En el patio de al lado hay algunos huesos, fósiles, conchas. Nada de información. Vamos al cementerio de conchas de madreperla un poco más atrás, seguimos sin entender nada. Entonces el señor me da un folleto del "Parque Arqueológico, Paleontológico y Geológico Cubagua", una promesa que no cumplió el Instituto de Patrimonio Cultural. Para mayor información pueden contactar a Lilia Téllez al 0212 4815082, o por lo menos eso dice el folleto. El Negro de Lila luce desilusionado y regala los folleticos para que uno sepa que a él también lo engañaron con piedritas. Pienso en llamar a Lilia. No atienden.
Pero la playa estaba deliciosa. Arena blanquita, palmas, uvas de playa, mar azulito, tranquilo, cálido.  Miguel dice que en ese agua siente energías "Cocoon". Yo me apapacho con una perrita y luego me doy un baño a ver cómo es la cosa. Sí que las tiene.
No vamos a una piscina de barro y nos embadurnamos. Barro negro del bueno. Quedamos de 15 con la piel lisita. Me parece que el barro tiene hasta más "Cocoon" que el mar. Nos dirigimos hacia las ruinas de Nueva Cadiz. Al capitan le surge un asunto familiar y nos regresamos a Coche. 
Cuatro horas de tour, una de ellas viendo caminar sobre corales que tardan un año para crecer alrededor de tres milímetros a un centímetro en los corales masivos y de diez a veinte centímetros en los corales ramificados, vemos un Parque Arqueológico Paleontológico y Geológico inexistente, discutimos con la Guardia sobre la legalidad del narcotráfico, nos relajamos en el barro, nadamos sobre un ferry hundido sin chapaleta ni snorkel, tomamos sol, nos bañamos en un mar delicioso y transparente, no conocimos las ruinas, nos tomamos media botella de agua y una sola birra y pagamos por eso Bs. 300. El precio excesivo, la conciencia ecológica una abominación, la visión de futuro nula, la simpaticura oriental estelar, el conocimiento del lugar limitado y el paisaje hermosísimo. 
Una mañana en Cubagua me bastó para darme cuenta cuánto falta para convertirnos en el destino que esta naturaleza merece.