
Este fin de semana estuve en Coche, sí, la que junto a Margarita y Cubagua forman en Estado Nueva Esparta. Se casaba mi queridísima Michelle con Dieguito, frente al mar, como debe ser. Al formar parte del equipo de hadas madrinas, supe que debía estar linda aunque mi adorado biologuito no me acompañara por haberse ido a escalar a Perú. Me sequé el pelo el viernes, elegí ropa marinerita y me encaramé en un avión rumbo a laisla tempranito en la mañana. En el taxi rumbo a El Yaque escuché cómo comenzaba el partido con un gol de Alemania, otra parte la leí en el Twitter mientras el peñero llegaba a Coche y finalmente llegué a la posada para ver la polémica salida de Argentina del Mundial. Ya aliviada al saber que no vería a Maradona desnudo, almorcé, me acicalé y arranqué al Punta Blanca a encontrarme con el resto de las haditas madrinas para asistir a la misa. Mi amiga estuvo preciosa, la rumba fue un éxito total y rotundo y el plan del domingo fue echarse en Playa La Punta a recuperarse. Esa noche, el querido compañero de faenas Mega, Miguel Arias, me hizo una invitación a la que no me pude negar:
-Vámonos para Cubagua mañana.
- Vamos pues.
A las 8am estábamos comiendo cazón y tajada en El Oasis y a las 9am en Playa La Punta esperando el peñerito rumbo a Cubagua. Nos montamos Miguel y yo, el capitán, un asistente y una cava llena de birras. La verdad es que a las 9 de la mañana, y para hacer snorkeling, no me provoca echarme palo. Habría preferido un juguito de naranja.
Llegamos al arrecife. El capitán saca una caja con máscaras y otra con zapaticos plásticos. Pregunto por las chapaletas y el snorkel. No hay. El tour es CAMINANDO sobre los corales. Siento un puñal en la barriga.
- ¿Señor, usted sabe que los corales no se tocan y menos se pisan porque se mueren?
Se ríe de mí. Le repito que sí se mueren, que en todos los arrecifes coralinos del mundo la primera instrucción es no tocar. Menos, pisar. Que en menos de un año van a haber matado todos los que hay, que es una abominación y que ni me pienso poner los zapaticos. No seré partícipe de semejante maltrato al ecosistema. Estoy furiosa. Igual entro al agua y trato de alejarme para no ver al capitán y su asistente caminar por los corales. Los escucho bromear a lo lejos:
- Zi, zi, mira como chillan las piedras.
Lo que veo a través de la máscara es todo un arrecife a punto de terminar de devastarse, corales rotos, muertos, poquísima fauna. Lo comentamos con tristeza Miguel y yo. Aterrados.
Salgo cansada del agua, como te dan máscara y no snorkel, tienes que sacar la cabeza para respirar todo el tiempo, y sin chapaletas el esfuerzo es mayor.
Entonces veo a un grupo de gente que se baja de otra embarcación con arpones. Le pregunto al capitán si no está prohibido arponear, me dice que sí, le pido que se acerque a la otra lancha y no lo hace. De lejos les grito bravísima que eso está prohibido y que los voy a denunciar en La Guardia. Parece no importarle. Pronto descubro por qué.
- Mucho gusto sargento, mi nombre es Arianna Arteaga ¿aquí está prohibido arponear?
- Sí.
- Pues acabo de ver a una embarcación hacerlo, se llamaba Renegado y tiene el casco blanco.
- Sí, bueno, las drogas también son ilegales y circulan por ahí. Además, no tengo peñero para buscarlos.
Silencio. Lo dejo de ese tamaño. Me ha dejado sin palabras. La indolencia.
Snorkeleamos, de nuevo con máscara y zapaticos, en el ferry hundido. A pesar de la precaria situación de no snorkel y no chapaletas gozo porque abunda la fauna marina, el agua está clara y me da una mezcla divina de sustico con admiración ver el cadáver que yace para regalar nueva vida en sus entrañas. Vale la pena totalmente hacer esta inmersión.
Vamos a la playa entonces, el Negro de Lila está sentado tranquilito en su rancho. En el patio de al lado hay algunos huesos, fósiles, conchas. Nada de información. Vamos al cementerio de conchas de madreperla un poco más atrás, seguimos sin entender nada. Entonces el señor me da un folleto del "Parque Arqueológico, Paleontológico y Geológico Cubagua", una promesa que no cumplió el Instituto de Patrimonio Cultural. Para mayor información pueden contactar a Lilia Téllez al 0212 4815082, o por lo menos eso dice el folleto. El Negro de Lila luce desilusionado y regala los folleticos para que uno sepa que a él también lo engañaron con piedritas. Pienso en llamar a Lilia. No atienden.
Pero la playa estaba deliciosa. Arena blanquita, palmas, uvas de playa, mar azulito, tranquilo, cálido. Miguel dice que en ese agua siente energías "Cocoon". Yo me apapacho con una perrita y luego me doy un baño a ver cómo es la cosa. Sí que las tiene.
No vamos a una piscina de barro y nos embadurnamos. Barro negro del bueno. Quedamos de 15 con la piel lisita. Me parece que el barro tiene hasta más "Cocoon" que el mar. Nos dirigimos hacia las ruinas de Nueva Cadiz. Al capitan le surge un asunto familiar y nos regresamos a Coche.
Cuatro horas de tour, una de ellas viendo caminar sobre corales que tardan un año para crecer alrededor de tres milímetros a un centímetro en los corales masivos y de diez a veinte centímetros en los corales ramificados, vemos un Parque Arqueológico Paleontológico y Geológico inexistente, discutimos con la Guardia sobre la legalidad del narcotráfico, nos relajamos en el barro, nadamos sobre un ferry hundido sin chapaleta ni snorkel, tomamos sol, nos bañamos en un mar delicioso y transparente, no conocimos las ruinas, nos tomamos media botella de agua y una sola birra y pagamos por eso Bs. 300. El precio excesivo, la conciencia ecológica una abominación, la visión de futuro nula, la simpaticura oriental estelar, el conocimiento del lugar limitado y el paisaje hermosísimo.
Una mañana en Cubagua me bastó para darme cuenta cuánto falta para convertirnos en el destino que esta naturaleza merece.