16 marzo, 2011

LLUVIA EN LA OCTAVITA

Ya saben que pasé carnavales en perfecta armonía y feliz remando en el Morichal Largo. Luego, como soy una pata caliente, sobre todo si es para irme bien lejos, agarré una cola en avioneta en la que mi biologuito salía a una expedición de escalada tepuyera y me fui a Santa Elena de Uairén en La Gran Sabana. Mi abuelita habría dicho: "niña, no seas insaciable", pero qué vamos a hacer si soy así. Allá estaban mi madrecita santa y su comadre Lia desde hacía una semana. Cuando me buscaron en el aeropuerto de Santa Elena -debo decir que nuevecito y pulcro aunque aún no reciba vuelos comerciales- hubo que salir al pueblo a comprar algunas cositas que los expedicionarios olvidaron. Dimos vueltas por ferreterías, tiendas de moto, comida y los regresamos a su avioneta y el resto de su aventura. Nosotras nos fuimos al Campamento Yakoo, donde Roberto nos había preparado un pavo suculento de almuerzo y Xiomara nos esperaba con esa sonrisa eterna que ella luce. Remoloneamos en las cabañas, salimos a hacer otras diligencias y cenamos una sopita divina junto a una pareja que estaba en la posada.
Finalmente, a dormir en esa paz que sólo presta el sur del país.
No tanto. A las 5:45am, entró al cuarto como un huracán la Señora Quintero y espetó a grito en cuello con gran dosis de angustia y no menos de urgencia:
- ¡Lia! ¿cómo se prenden esas computadoras? ¿dónde está mi cuadernito?
La comadre, que cuando Valenta dice Carnaval, ella tira papelillo, salió en pantaletas despavorida del baño, se puso un pantalón ya en la puerta y corrió a socorrer a mi madre alterada porque siempre ha usado Mac, no sabe cómo prender una PC, y el desajuste no le permitió ver que su cuadernito estaba en la cartera guindando de su hombro. Yo, en la cama, desconcertada, decidí levantarme y bañarme de una vez.
Este amanecer violento, mi primera mañana en La Gran Sabana,  fue cortesía de La Guarandinga, el programa de radio que hace Valentina Quintero junto a Alonso Moleiro por Onda, la Súperestación, de lunes a viernes de 6 de la madrugada a 9 de la mañana. Gracias.
Cuando terminó su participación de ese día en el programa, desayunamos con algo de sana paz, terminamos de recoger y nos fuimos a Yenchitón, un campamentico que tienen los mismos dueños de la posada Minina de San Francisco de Yuruaní, en un lugar que se llama Aguas Calientes. El cielo estaba absolutamente nublado, al parecer estuvo así durante toda la estadía de las comadres que, sin embargo, se mostraban optimistas y decían que en la tarde aclaraba. Tan bellas.
 Primero hicimos una parada en Quebrada Jaspe donde me pude fajar a hacer foticos y gocé. No había un alma.
 Llegamos a Yenchitón y montamos campamento fajadas bajo las churuaticas, con cocina, mesitas, sillas, hamaquitas y carpas. Nos instalamos, yo hasta tendí el aislante y el saco de dormir con la linterna a un lado. Llegó la pareja que estaba en la posada con nosotras -los habíamos invitado- y nos fuimos a darnos un baño por la laja de piedra que tiene Yenchitón. Gozamos haciendo tobogán -con chores, porque cuando lo hice con traje de baño casi dejo la nalga ahí- chismeamos, nos contamos las vidas y, como vimos lluvia a lo lejos, decidimos volver al campamento. Todo esto bajo un cielo absolutamente gris cuando se supone que marzo es pleno verano en la sabana. Raro.
Preparamos salchichas a la parrilla y recalentamos una pastica que tenían las comadres por ahí. Poco después, comenzó a llover. Primero, con cierta sutil elegancia londinense, todavía podíamos estar bajo la churuatica esquivando un par de goteras y ya. Luego arreció un poco y bueno, nos arrimamos más hacia el centro, comenzaron a salir las primeras mangas largas. Acto seguido se desgajó un tanque de agua sobre nosotros con vientos huracanados. Ya la churuatica no daba y corrimos hasta el comedor del campamento, es decir, a la mitad del comedor del campamento a la que no le caía agua horizontalmente. Sacamos suéteres, medias, impermeables y zapatos cerrados, el pacheco no era normal. 
 En pánico, nuestros invitados desistieron la invitación huyendo en su camioneta para volver a la posada. Nosotras: estóicas con el cuento de que en la tarde aclaraba. De pronto, nos dimos cuenta de que la plácida laguna verde esmeralda frente a nosotras se tornaba marrón barro espeso mientras las piedras desaparecián bajo la superficie del agua. La cascadita era ahora un chorro violento y troncos bajaban velózmente con la corriente. Los ánimos comenzaron a caldearse. Gris a dónde sea que vieras. Ni un huequito de esperanza azul en ese cielo. Nada. Esperamos que amainara la tormenta y arrancó la retirada. En menos de 20 minutos la maleta de la camioneta estaba cargada de peroles mojadors y una acampada frustrada. Agarramos carretera hacia Las Claritas sin que dejara de llover un segundo. 
 Sí, con esto es que se come aquello del calentamiento global, por lo menos en carne propia. Dándote cuenta de que no son sólo imágenes de huracanes devastadores en los noticieros junto a campos desiertos, también son climas que ya no tienen sentido. Semanas de lluvia insistente cuando se supone que el cielo luzca azul. Tristeza por no entender cómo es que no podemos pararlo, por qué lo hicimos, qué va a pasar ahora.
Dormimos en Las Claritas con lo que quedaba seco y al día siguiente arrancamos a las 6am a ver si en la costa nos pillaba el sol. Nos perdimos tratando de dilucidar cómo cruzar el puente Orinoquia, pero lo logramos aunque pocos GN sabían de qué les hablábamos. Me peleé con un poli Anzoátegui que se lavó las manos tranquilazo cuando le dije que a 10 mts de ahí estaban vendiendo iguanas y eso era un delito -sí ok, no es su competencia, pero usted es una autoridad, hágase cargo- y paramos en Puerto Píritu a comer exquisito en Juan Sabroso para llegar a La Posada de Mary en Boca de Uchire y ser recibidas con todo el cariño de Héctor, su dueño. Ya no había sol, pero remojamos las paticas en el mar y las empanizamos en la arena antes de que saliera la luna. Nos acostamos a dormir con la esperanza de que el sol nos calentara los huesitos al día siguiente. 
Amaneció gris. Gracias.
Después del desayuno salió un solecito y cual lagartijas nos lanzamos en la playa. Leímos periódico -cosas que hay que hacer antes de entrar a Caracas- y con alguito de sol entre pecho y espalda recorrimos el corto camino a casa. Esa fue mi octavita de Carnaval, no me quejo, la verdad.

3 comentarios:

mundopatilla dijo...

Ari, que linda es Boca de uchire, yo estuve en carnaval... boca de uchire , huele a sal...

http://mundopatilla.blogspot.com/2011/03/boca-de-uchire-huele-sal.html

Grecia Toukoumidis dijo...

Hola, Arianna, cómo estás? Somos estudiantes del 10mo semestre de Periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello.
Nuestra tesis es un proyecto de producción de una revista especializada en el turismo deportivo, necesitamos la asesoría de expertos en la materia y quisiéramos saber si podemos contar contigo.
Nuestros correos son greciatoukoumidis@gmail.com y nellyanpedrique@gmail.com
Gracias de antemano
Grecia Toukoumidis y Nellyan Pedrique

Jenioska dijo...

Lei q pasaste los carnavales en el morichal largo... Uysss no te vi.. Yo andaba por esas aguas q tanto amo jeje.. He tenido dias en la sabana de mucha lluvia pero aun en si entiendo cuando dices.. No me quejo! Es q pasear es divino asi sea con lluvia ps nos permite disfrutar de nuestro pais en todas sus presentaciones... Que rico q hayan disfrutado de esos dias de descanzo... Saludos