09 marzo, 2011

A REMO POR MORICHAL LARGO: UN VIAJE PERFECTO

Este fue un Carnaval perfecto: un grupo de 6 personas encantadoras, en un río hermoso, rodeado de la selva más exhuberante, repleto de fauna y remando en kayak para no perturbar la paz del lugar. Al aire libre.
Bien saben que soy de las que huyo de las multitudes a como dé lugar,  mi plan jamás será ir, por ejemplo, a la Feria del Sol, por eso supe que estaba lista en cuanto me llegó el boletín de Biotrek con una foto del río Morichal largo en las profundidades de Monagas. Eso era exactamente lo que me pedía el cuerpo: una remada suave en medio de la naturaleza.
El viernes a las 9pm salí de Caracas con Angelo, uno de los guías, y Yoel, un chico de Maracaibo que se empujó hasta la capital sólo para poder venirse al paseo. Llegamos hasta la casa de Aramis en Guatire, mi querido amigo y dueño de Biotrek nos esperaba con todo listo junto a Daniela, su novia. Ahí ya estaba la camioneta con los kayaks encaramados en el techo, la comida y el perolero.  Nos montamos y agarramos carretera vía oriente. Durante un primer rato conversé con Ara, luego me desmayé. Supe de unas dos paradas en las que fui al baño, de la alcabala de los chivos, que nos paramos a las 4:30 en otra alcabala a dormir un poquito todos, y que cuando se hizo de día estábamos bajo un puente preparados para salir a remar. Me cambié medio zombie y conocí a Cecilia y Daniel, los que faltaban del grupo. A las 9am embarcamos en los kayaks para arrancar la remada. Justo ahí había un par de palafitos de los warao, luego, ya no vimos prácticamente más nada que indicara vida humana. Puro verde espeso, agua oscura y cielo abierto. 
La remada es una delicia, vas con la corriente, sin mayores esfuerzos, y si dejas de remar igual avanzas poco a poco. En minutos las tres niñas del equipo nos contamos las vidas enteras -clásico de las mujeres- y resolvimos el mundo en un largo chismorreteo a remo. Cuando llevábamos como tres horas comenzó a pegar el hambre. Aramis y Daniela sacaron algunas chucherías y todos pegamos los kayaks. Así nació nuestra actividad favorita en el Morichal Largo: la islita. Es decir, pegar los 6 kayaks y dejarnos llevar por la corriente mientras parloteábamos, comíamos y nos dedicábamos a la contemplación del paisaje selvático. Vimos montones de aves, especialmente unos martín pescador que parecían viajar con nosotros, algunos monos a lo lejos y un perro de agua se asomó brevemente sobre un tronco.
Tras 5 horas de navegación relajada, llegamos a la morada warao donde pasaríamos la noche. Nos esperaban una madre tejiendo moriche y su hija. Cansados, con las piernas quemadas (algunas, entre ellas yo que llevo aún el bronceado portugués) y hambrientos, nos instalamos en una churuata -palafito abierta con un muellecito donde la niña warao pescaba peces pequeños para carnada. También retozaban unos patos criados por los dueños del lugar y unos perritos flacos y divertidos. Horas después llegaron los hombres de la caza y salieron a pescar con las carnaditas que la chiquila había conseguido. 
Comimos, montamos las carpas, y con toda una tarde por delante, nos dedicamos a bañarnos, conversar y ver para allá. Con el final de la tarde y un atardecer sin mayores esplendores, llegaron los mosquitos cual ejército chupa sangre, no sólo con sed, con hambre también y sin pizca de compasión. Menos mal que Aramis ya se sabe su cosa y tenía montado desde hacía rato un gran toldo con mosquitero que sirvió de comedor, sobremesa y pre dormida. Salir de ahí era una proeza descabellada. Las niñas aguantamos las ganas de hacer pipí por horas, y cuando ya no aguantábamos ni las vejigas, ni el sueño, nos lanzamos en equipo forradas en Off. No fue tan horroroso, creo que el psicoterror nos preparó mentalmente para una debacle que no fue tal. Yo hasta me cepillé los dientes y todo. Caímos muertas las tres. Hasta que, a las 10pm, los varones decidieron salir del toldo-comedor sin ninguna noción cercana a la discreción. Linternas en la cara, perros que ladraban, peroles llevados por delante, risas y, el premio mayor que se lo llevó Daniel:
- Miamor, -le dice a Cecilia metiéndole un bombillo de linterna en el ojo- cámbiate de lado.
A lo que Cecilia espeta, claramente molesta y sorprendida: 
- ¿Para qué?
- Bueno, porque ese es mi lado.
Silencio sepulcral de unos segundos.
- Bueno ¡pero te sacudes los mosquitos antes de entrar!
Fin del diálogo, seguido por algunos ronquidos medianamente sensatos por parte del dueño de su lado de la cama. Cada pareja tiene sus manías, de ese álbum TODOS tenemos una barajita.
La mañana siguiente amaneció con algo de lluvia, lo que nos mantuvo en las carpas un buen rato más a pesar de las ruidosas faenas mañaneras de nuestros anfitriones. Desayunamos, recogimos campamento, departimos con la familia warao que nos hospedó y a las 10am regresamos a nuestras posiciones en los kayaks. Mientras te adentras en el Morichal Largo, el paisaje se vuelve cada vez más espeso, exhuberante y virgen. Los morichales lucen más sanos y grandes, selvas enteras de moriche honrando el nombre del río. Precioso. Nos encontramos con unos tucanes que no logré fotografiar, varias águilas, cientos de pajaritos y montones de loros surcando el cielo. A mitad de camino paramos en el Campamento Boral de Aerotuy (www.tuy.com) para almorzarnos unos sánduches de atún a un lado de su muelle. Ahí estaba un mono capuchino comeflor -literalmente comía flores-  que sí pude deleitarme fotografiando. Estuvimos un buen rato contándonos las cuitas viajeras por el país y el mundo, y al kayak de nuevo. 
 Poco después nos encontramos con un par de monos araguatos preciosos que estaban comiendo, nunca supimos a quién le daba mayor curiosidad, si a ellos o a nosotros, pero la oportunidad de foto era impelable. Con ayuda de Aramis me estacioné en la bora y saqué cuidadosamente el telex para acercarme bien al objetivo, lo logré tras varios intentos de foco entre las ramas y nos dimos cuenta de que ahí mismo estaban un par de capuchinos. Repetimos el proceso y también pude lograr una linda imagen. Salí asquerosamente feliz, fue la primera vez en mi vida que fotografié monos en su ambiente salvaje, como debe ser. Felices, libres, radiantes, espontáneos, como merecen seguir viviendo y no  como esclavos enjaulados para distraer a humanos que se sienten "exóticos" con un primate en casa.
 Tras esa linda experiencia de observarnos mutuamente con los monos, seguimos remando hasta la laguna Guasacónica. Insólito ese momento en que el río se expande hasta convertirse en una inmensa explanada de agua,  espejo gigante para el cielo, el hogar de una madre tonina con sus pequeños que pasaron a saludarnos. Nos volvimos a convertir en islita. comimos dulcitos de guayaba y le clavamos a las pupilas una última dosis de agua, cielo y bosques inmensos de moriche y árboles para darle a la última remada de un paseo perfecto. 
Angelo nos esperaba con la camioneta, subieron los kayaks al techo y una espesa nube de mosquitos nos atacó sin piedad. Yo, que me había chamuscado las piernas por andar de chorcito el día anterior, me juré blindada de todo peligro externo con mis licras negras. Craso error. Sigo tomando antialérgicos para poder dormir sin querer arrancarme las nalgas con las uñas. Los mosquitos atraviesan sin problemas el algodón. Gracias. 
 Finalmente, tras perpetrar una masacre de mosquitos dentro de la camioneta,  llegamos a La Venturosa, una hacienda que cumplía 131 años ese día, arribamos en plena rumba. Bastante en shock con el cambio de ambiente y buscando el lugar más alejado del mundanal ruido para acampar, nos adaptamos  a la idea de no estar solos. Lo encontramos, nos bañamos con cascos de obrero en un tanque de agua -los cascos fungían de taparas- comimos una rica cena y a dormir. Esta vez Cecilia le respetó su lado a Daniel y no hubo inconvenientes. Además la rumba murió temprano pues ya era el segundo día.
En la última mañana de nuestro viaje, tomamos el mejor café de la vida, observamos a todos los animales de la granja, desayunamos, y arrancamos a Caracas con la certeza de haber pasado el más perfecto de los Carnavales. Si quieren ir al próximo, entren AQUÍ. Para ver el resto de las fotos, entren a mi Flickr AQUÍ.

7 comentarios:

FedericoX dijo...

Que bueno ese paseo!

Como te dije estoy pendientisimo de hacer un paseo con la gente de Biotrek desde tu post anterior, lastima que las lluvias no me lo permitieron en diciembre.

Otra cosa que me gusta mucho la forma de relatar tus viajes, con mucho detalle pero sin aburrir, ojalá el funde semana me inspire y redacte un post del viaje a Parmana que estuvo de lujo, tus tíos fueron bien acertados.

Aprovecho para machacarte la idea de que hagas un Podcast con los micros de la mega. Que tengo tiempo que no los oigo, si necesitas ayuda contactame.

Saludos

Yesaluv Art dijo...

Que rico todo! me encanta! ♥

Ashley Padra dijo...

Maravilloso navegue con ustedes por medio de tus palabras ; D

Anónimo dijo...

En general me parecen muy buenos tus relatos, sin embargo me llama la atención, y me aburre que todo es perfecto.NO te digo que escribas una novela pero si que tus relatos sean mas auténticos y evitaras algunos cursilismos en las descripciones, definitivamente tus escritos serian altamente recomendados.

La peque dijo...

Federico: gracias! tienes que saldar esa cuenta con Biotrek, te va a encantar. Me pasas el link de Parmana a ver cómo es eso, nunca he ido. Con respecto a los podcast, están en proyecto, primero tengo que hablarlo con La Mega.
Yesaluv: tienes que ir para que veas que en persona es más rico aún :)
Ashley: y a ustedes qué les pasó que colgaron los remos en Carnaval?
Anónimo: Auchi! pero el blog se llama La Pequeña Comeflor y esa es su personalidad, absurdamente optimista. Con respecto a la autenticidad, así es como yo los vivo, por ende, son auténticos. Tengo un blog con mi lado oscuro, pero he escrito muy poco ahí...no me nace tanto. Igual tomaré en cuenta tu comentario.

Ashley Padra dijo...

Ari Dayana metio la pata y nos frego la navegada;( pero pronto estaremos en el agua

EL ZORRO PROTECTOR dijo...

Fascinante e instructivo tu viaje felicitaciones y gracias por compartirlo.