28 abril, 2011

SÍ, ME DESNUDÉ

Supongo que todo el que lee este blog, también me sigue en Twitter, así que a estas alturas está más que enterado de mi piel al aire libre en la portada de la revista MONO.
Como los sé curiosos, prefiero echar el cuento aquí para que se sepan de una vez los intrinculis de mi primer empelotamiento público.
La primera revista MONO fue todo un suceso mediático. Geraldine, su madre y editora, es especialista absoluta en RRPP y supo armar alharaca con su producto. Llamó mi atención lo particular del nombre y la belleza de foto que le hicieron a Aérea Negrot para la portada. Cuando me encontré a la mismísima Gerladine vendiendo la revista en un mercadito de diseño, la compré, la felicité y me ofrecí para escribir. Así somos los periodistas free lance, cuando uno ve algo bueno, quiere estar ahí. Ella, encantadora, me dió una tarjetica, me preguntó si yo sólo escribía de viajes y me dijo que le escribiera a ver.
Cuando pude sentarme a leer la revista me sentí espantosamente intimidada por el equipazo de cuartos bate al teclado, diseño, fotografía y toda la producción. Impecable. Entendí que esta era una mujer que no se andaba con necedades y que cuando decidió hacer una revista se fajó a reunir cuanto talento estuviera a su mano. Quedé gratamente sorprendida, pero no me atreví a escribirle.
Poco después, me contactó ella a mi, me dijo que chévere los viajes y eso, pero ella quería proponerme algo que tenía que ver con la portada. Susto. Bueno, susto con emoción. Nos citamos en el Arábica -donde todo Los Palos Grandes hace negocios- y me recibió: 
-Tú eres como un hadita vale, iluminas el lugar en lo que llegas.
Yo, casi me desmayo. Estamos hablando de la mujer con dos carreras y un divorcio que armó la revista más audaz que había caído en mis manos en años. Me sentí una pre púber halagada.
Me senté y vi de reojo un libro de Taschen con fotos de desnudos. Ay san dios, esta mujer me iba a empelotar. Así fue, ella vio mi cara y supo que yo había entendido, me habló de la segunda edición con el sexo como tema central y mi pequeña persona en la portada como la vida me trajo al mundo. Por supuesto le dije que yo era La Pequeña Comeflor, la única hijita tan bella su muchachita de Valentina, que qué tenía yo que ver con el sexo, yo no soy mami, te lo juro, tengo las tetas chiquitas, que con tanta bomba sexy por ahí suelta para qué elegir a una periodista menuda con cara de bebé. Pues eso era, exactamente, lo que ella estaba buscando: la anti mami. Es decir: yo.
Entre confundida y halagada dije que sí, además las fotos las iba a tomar Roberto Mata a quien adoro desde mi más tierna infancia, me maquillaba Marianne Vegas que ya lo había hecho y me parece la más dura en la vida, me mandaban un Oh! Nena especialmente para mí y unas joyas de las niñitas Tarbay. Es decir: a todos los involucrados los conocía, adoraba y admiraba. No había ni una razón para decir que no.
Me caí a Special K dos semanas, tomé agua como loca, hice intentos de broncearme un poquito y llegó el día. Geraldine vino a buscarme en su carrito pequeño, atrás iba una cava con chuches divinas, gavetas llenas de adornitos Tarbay para mi desnudez, el Oh! Nena recién llegado de Maracaibo, una bata exquisita para mientras no estaba posando y el indispensable "tapa-totona" para salvar los restos de mi pudor. 
El día estaba nublado, llegamos a El Cerrito y me baboseé con el jardín: la espesura de años de cuidado se reflejaba en árboles gigantes repletos de helechos y bromelias. Insólito. Estaba feliz de que ese fuera el marco para mi pequeño cuerpito sin demasiadas curvas.
Entonces llegó Marianne que es enorme, divina con sus lentes Ray Ban y su ayudante, una modelo pelirroja que me hizo sentir desubicadísima, intenté proponerla como modelo a ella, pero nada: Geraldine quería a su anti mami con cara de bebé y tetas pequeñas.  Definitivamente, ella veía algo que yo no. Primero me maquillaron la cara y quedó estelar, luego la pelirroja hermosa me llenó todo el cuerpo de cremita para que me viera sana y lozana. Para cerrar, me peinaron con un enrulador por horas y quedé lista para la faena.
Entonces llegó Roberto, que estaba más nervioso que yo. Supongo que conocerme desde los 8 años y verme así lo conflictuaba, volteaba para todos lados y quería llamar a mi mamá a pedirle permiso. Tan bello. Yo le dije que no se preocupara, que con el tapa toti estábamos cubiertos y zácata, me quité la bata rosada, peluda y divina que me dió Gerladine para no morir de frío mientras íbamos de un set a otro por el jardín.
El shooting fue una gozadera, que si las hormigas, que se te ve, que tápatelo, voltea para allá. Nos reímos mucho. Geraldine se ocupó del refuerzo positivo para que me viera bella, gesto que le agradecí, uno no se siente glamorosa sentada en el tronco rugoso de un árbol procurando mantener la postura y sabiendo que eventualmente eso lo verán miles de personas un domingo en el kiosco luego de comprar pan. La mejor parte fue encaramarme en el árbol, desnuda, descalza, atravesando un montarral y con Geral haciéndome pata gallina para llegar hasta arriba. Bajarme fue más complicado y requirió lanzarme a los brazos de Roberto mientras Geraldine me agarraba las piernas. Como verán, la experiencia del modelaje en exteriores y sin ropita, no es tan glamorosa como el resultado final.
Pero Roberto gozó chalequeándome, yo gocé jugando a ser modelo y Geraldine gozó más que todos visualizando lo que sería su próxima portada.
Esa tarde llegué a mi casa contenta, con los pies negros, las nalguitas irritadas de tanto sentarme en el tronco de los árboles y una sonrisota con ganas de dejar el Special K de lado y dedicarme a ser yo de nuevo.
Si quieren ver un preview, entren en  www.revistamono.com, pero ni de casualidad dejen de comprar la revista, es una maravilla y van a a entender perfecto por qué fue que le dije que sí a Geraldine.

11 abril, 2011

UNA VISITA AL TERRARIO

Cuando descubrí el el Twitter que El Terrario del Parque del Este estaba abierto de nuevo, me dió muchísima curiosidad entrar a verlo. En algún recóndito lugar de mi memoria había visitas a ese lugar. A mi me mordió una mapanare a los 6 años -sí, por eso soy así: picada de culebra- y eso, al contrario de generarme una fobia, se convirtió en una fascinación por ver de cerca a estos reptiles. El tema es que, cada vez que iba al Parque del Este, me preguntaba qué estaría pasando dentro de ese recinto donde yo recordaba haber visto por primera vez a la culebra que me mantuvo una semana hospitalizada y decir: waooo.
En lo que supe que estaba abierto hablé con mi amigo Drai Cabello de ConBiVe, que ha trabajado por años ahí y cuadramos una visita el sábado al mediodía. Primero entramos normalito e hice el recorrido que hacen todos los visitantes. Llamó mi atención un cartel al principio de la exhibición que te insta a abrir bien los ojos. Sucede que mucha gente, con el apuro citadino y la expectativa televisiva de ver todo en primerísimo primer plano, no se fija bien y deja de ver animales insólitos que saben mimetizarse o se esconden brevemente en los espacios donde los exhiben. Cuando llegan al final, se quejan de que no hay variedad. Así que cuando vayan, háganlo con tiempo, lean los cartelitos y fíjense bien, porque el Terrario del Parque del Este es la más completa colección de reptiles, anfibios y artrópodos en Venezuela. Sí hay variedad, bastante.
Luego nos tocó un show a lo parque de diversiones de Disney con un toque del australiano  Steve Irwin, en el que un chico encantador y una bióloga arrojada de lentecitos, le enseñan a los niños los peligros, mitos y verdades de las tarántulas, serpientes, tortugas y cocodrilos. Una belleza que vale la pena ver, especialmente por las caras de los más pequeños entre el terror y la curiosidad. Me encantó que enseñaran que una culebra no te hará nada si no se siente amenazada, que es una tontería producto de nuestra miedo matarla en lo que la vemos cuando podemos seguir de largo o reubicarla. Si los niños aprenden esto, existe la esperanza de un futuro menos depredador.
Finalmente vino mi parte favorita, gracias a las influencias de Drai y a mi trabajo como periodista, me dejaron entrar a las entrañas del Terrario para ver cómo funciona la cosa. De la mano de Saúl Gutierrez pude entender que todo es muchísimo más complejo de lo que uno imagina. Por ejemplo: todos los animales que están ahí comen cosas diferentes, por lo tanto hay que criar grillos, cucarachas, raticas y más para complacer sus necesidades. Además tienen que tener temperaturas específicas, por ello un panel interno las calienta a todas y a algunas especies deben ponerle luces especiales. También reciben animales que ha decomisado la GN o que personas que ya no los quieren les llevan, así que es una guardería gigante. Igualmente les ha tocado salvar a algunos, ahí pude ver la radiografía de una tortuga con un anzuelo metido en la garganta que no habría sobrevivido sin la intervención del Terrario. 
Así que estuve viendo cómo Saúl críaba grillos y medía la temperatura de cada recinto identificado por el lado de adentro con una ficha que indicaba claramente qué había adentro, cuándo alimentarlo y con qué y la temperatura ideal para su subsistencia. Fascinante y laborioso, debo decir. Hasta la Sra Nelly, contratada para cumplir con la limpieza del lugar, me contaba que ha aprendido a alimentar a los animales, entenderse con ranas, grillos y huevos de tortuga que no sobreviven.
Ahora bien, cuál es la preocupación principal de Saúl: NO COMPREN FAUNA POR FAVOR me insistió repetidas veces. Me dice que la gente compra babas, tortugas e iguanas en la carretera "por lástima" y se las llevan a él. Por eso, como se los he dicho en Twitter mil veces: no lo hagan, ni por lástima ni por nada, mientras alimentemos el mercado, no se va a acabar jamás. NO AL TRÁFICO DE FAUNA, NUNCA COMPRES ANIMALES SILVESTRES.
Tras una larga conversa sobre la situación de la fauna en Venezuela, salí, me tomé mi foto con las pitón albina de afuera y seguí con mi sábado caraqueño que incluía visita a la tienda de trajes de baño de mi amiga Michelle Dernersissian "Lolita Colita" y tarde de teatro "En Blanco" con mi amigo adorado Maickel Melamed y la actuación de la querida Alejandra Otero. Gocé, por cierto, pero de eso mejor leen en el blog de Toto Aguerrevere aquí: reseña En Blanco.
Si quieren visitar El Terrario, tomarse fotos con culebras, ver el show, aprender más sobre nuestra fauna y colaborar con una causa noble, sus puertas están abiertas de Martes a Domingo de 8am a 5pm y los pueden seguir a través de @ElTerrario o buscarlos en Facebook.

06 abril, 2011

AZUL LOS ROQUES

Paraíso tropical de arena blanca y aguas cristalinas. Yo sé, es un cliché que da caspa, pero es la verdad, así es Los Roques, como una postal, un absurdo, casi, casi un empalago. Tuve una época de frenesí en la que me empujaba para allá a cada rato, luego decidí comprarme un apartamento y bueno, mi presupuesto no daba. Me pasé dos años sin ir. 
Pero, hace poco, un grupo de amigos míos abrió en el archipiélago una operadora de aventura y naturaleza llamada Play Los Roques www.playlosroques.com y me entusiasmó la idea de ir a practicar  padle con ellos. Armé mi plan, le anexé buceo, una visita a las tortuguitas y me monté el viernes en la tarde en un avión hasta allá.
Desde el aire me reencontré con esa paleta insaciable de azules y al aterrizar me esperaba mi amigo César, socio de Play, en la pista. Nos abrazamos felices y me dijo: Purumpin, imposible hacer padle con este ventarrón, sólo se puede hacer kite. Casi me muero, le dije que revisáramos Wind Gurú al llegar a su casa y veíamos si las condiciones estaban por cambiar. Ahí, en "la ratonera" que es una casita mínima con una entrada choreta donde vive mi amigo, me encontré con que estaba también de huésped Federico Cabello www.federicocabello.com uno de mis fotógrafos de paisaje favoritos que se ha dedicado en cuerpo, alma y lente a plasmar el archipiélago en todo su esplendor de colores. Me declaré su admiradora y revisamos las condiciones del viento. Nada, ventolera loca hasta el infinito. Hacer kite me da terror y más con ese zaperoco, así que cuando Federico me invitó a acompañarlo a hacer unas fotos de Sigth Cast www.sigthcast.org una operadora exclusivísima de pesca deportiva de pez ratón, estuve encantada.
 Esa noche salí a chismorretear con César, comimos en Aquarena (tienen que probar las camiguanas crujientes) y a dormir en una hamaquita de la ratonera. A la mañana siguiente me levantó Federico y salimos a pescar. El plan era con Cristóbal, el dueño y dos de sus guías: Yardi y Arcadio, para tomar las fotos que usarán en sus folletos y mercadeo en general. No soy amante de atrapar animalitos, pero esta pesca no es cualquier cosa y atrae gente de todas partes del mundo que viene a hacerla en Los Roques.  Para practicarla, no sólo se requiere un perfecto dominio de la técnica, además debes aprender a pensar como el pez, buscarlo y ponerle la carnada casi en la boquita para pelearlo, atraparlo, tomarle una foto y dejarlo ir. Me pareció que no estaría mal darle un vistazo, sobre todo teniendo de tutor fotográfico a Federico. Valió la pena. Los paisajes no tienen sentido: lagunas de mangle y bajos en el medio del mar con todos los colores que Los Roques ofrece. La técnica: hermosa, unos latigazos para adelante y para atrás usando unas carnadas que llaman "moscas" y que son de todos colores. Cuando atrapamos al primero sentí la emoción del pescador frente la lucha y la paciencia que implicó hacerlo y la felicidad de dejarlo ir sabiendo que así siempre habrá cuando vuelva. Además la atención no podía ser mejor, me sentí protegida y consentidísima todo el paseo.
Al mediodía nos llevaron a almorzar en el Rancho de Polito en Isla Agustín. Una preciosura de detalles y guindarajos con piso de arena, vista azul y langostas frescas. Exquisito. Luego, pescaron un rato más y vuelta a Gran Roque, feliz con mis foticos y fascinada con el trabajo fotográfico de mi mentor por un día.
Al día siguiente me tocaba bucear con la gente de Arrecife Divers, pero como no tenían cámara, convencí al súper fotógrafo de Los Roques a ir conmigo y hacer las fotos. Lamentablemente me salpicó una clásica novela roqueña de celos y locurita y no nos dejaron montarnos en la lancha, así que dimos una vuelta y le caimos a la gente de Aquatics Diving Center www.adclosroques.com donde su dueño Carlos Molina, un argentino adorable, nos recibió encantado. Gracias al ventarrón, nadie quería ir lejos, así que decidimos hacer una inmersión cortita en El Morrito cerca del Gran Roque. Yo tenía años sin bucear y me dió un tilín de miedo, pero ahí mismo me vi absorta en el paisaje de peces,  corales y la sensación de haber entrado a otro mundo. Llegamos hasta un velero sumergido que, según cuentan, llegó de Paria con el capitán asesinado por piratas...no suena tan glamoroso como Piratas del Caribe y lo que da es muchísima tristeza. No sé si saber que ahora es el hogar de toda una comunidad de seres marinos sea suficiente consuelo, pero vale la pena el intento.
 Salí del fondo eufórica, Federico había hecho fotos bien finas y poco después, mientras celebrara la inmersión recibí una llamada hermosa:
-Mi vida, tengo semanas viendo pared y cielo, ahora, finalmente, veo sólo cielo.
Era mi amado biologuito desde la cumbre del Salto Amuri en el Macizo de Chimantá donde tiene semanas abriendo una ruta de escalada nueva en un tepuy casi inexplorado. Compartir la felicidad del logro es la sensación más sublime de estar enamorada. No paré de sonreir de ahí en adelante. El orgullo máximo, mi héroe de los tepuyes, mi amor, mi compañero, estaba feliz y yo también.
Ese día cuadré en Oscar Shop un peñero que quiesiera atravesar, con ese ventarrón loco, todo el archipiélago para llegar a Dos Mosquises donde está la Fundación Científica Los Roques www.fundacionlosroques.org y me fui a Ranchito Power, la posada de mi gran amiga Anna a celebrar el cumpleaños de otra gran amiga: Patricia. Ahí se terminó de cerrar la novela roqueña y pude entender mejor el zaperoco. Gocé con mis amigas, comí pizza y me fui a dormir en mi hamaquita.
A la mañana siguiente salimos a las 7:30 am a Dos Mosquises, ahí me esperaba Moncho, el pescador más simpático del planeta y encargado de recibir a la visita, y mi amiga Vane de ConBiVe que me había conseguido el contacto para que me recibieran y estaba allá haciendo su pasantía. 
 Otra vez se vino conmigo Federico que en cuanto supo que liberaríamos tortugas se le pusieron los ojos puyudos y se encaramó en la lancha con su cámara subacuática de inmediato. Mi amigo Oscar mandó a Karla, su novia, ya que él se iba hasta allá en el windsurf y así partimos en la lancha Todos Santos de Ayermis Salazar (lo pueden contratar llamando al 04241122998)
Karla resultó una chica interesantísima con un montón de información arqueológica, así que el viaje de hora y media se pasó volando. Llegamos a Dos Mosquises, hicimos el tour de las tortugas con Moncho y pasamos por el tanque de las que serían liberadas ese día. Eran 4 Carey -en peligro crítico de extinción- de 9 meses que debía ser medidas y pesadas primero. Vane ayudó a Moncho en esa faena y salimos a liberarlas una por una. Yo liberé a la primera y la bauticé Al Aire Libre, fue conmovedor verla mover sus aleticas buscando el mar, el momento fue registrado en la cámara de Federico y procedimos con las otras tres: una Karla, otra Vane y la última Oscar. Satisfechos con el momento y sabiendo que tras los cuidados de la fundación sus probabilidades de sobrevivir habían aumentado , visitamos la estación arqueológica que, con Karla resultó aún más interesante, comimos coco que bajó Ayermis y de regreso a Gran Roque con un ventarrón que nos puso pegar brincos y emparamarnos.
 Me comí mi último almuerzo en Aquarena, me despedí, y avión de nuevo a Maiquetía con la paleta de azules en las pupilas, una tortuguita en el alma y un nuevo amigo fotógrafo.
Para ver el resto de las fotos, entren AQUÍ.