Supongo que todo el que lee este blog, también me sigue en Twitter, así que a estas alturas está más que enterado de mi piel al aire libre en la portada de la revista MONO.
Como los sé curiosos, prefiero echar el cuento aquí para que se sepan de una vez los intrinculis de mi primer empelotamiento público.
La primera revista MONO fue todo un suceso mediático. Geraldine, su madre y editora, es especialista absoluta en RRPP y supo armar alharaca con su producto. Llamó mi atención lo particular del nombre y la belleza de foto que le hicieron a Aérea Negrot para la portada. Cuando me encontré a la mismísima Gerladine vendiendo la revista en un mercadito de diseño, la compré, la felicité y me ofrecí para escribir. Así somos los periodistas free lance, cuando uno ve algo bueno, quiere estar ahí. Ella, encantadora, me dió una tarjetica, me preguntó si yo sólo escribía de viajes y me dijo que le escribiera a ver.
Cuando pude sentarme a leer la revista me sentí espantosamente intimidada por el equipazo de cuartos bate al teclado, diseño, fotografía y toda la producción. Impecable. Entendí que esta era una mujer que no se andaba con necedades y que cuando decidió hacer una revista se fajó a reunir cuanto talento estuviera a su mano. Quedé gratamente sorprendida, pero no me atreví a escribirle.
Poco después, me contactó ella a mi, me dijo que chévere los viajes y eso, pero ella quería proponerme algo que tenía que ver con la portada. Susto. Bueno, susto con emoción. Nos citamos en el Arábica -donde todo Los Palos Grandes hace negocios- y me recibió:
-Tú eres como un hadita vale, iluminas el lugar en lo que llegas.
Yo, casi me desmayo. Estamos hablando de la mujer con dos carreras y un divorcio que armó la revista más audaz que había caído en mis manos en años. Me sentí una pre púber halagada.
Me senté y vi de reojo un libro de Taschen con fotos de desnudos. Ay san dios, esta mujer me iba a empelotar. Así fue, ella vio mi cara y supo que yo había entendido, me habló de la segunda edición con el sexo como tema central y mi pequeña persona en la portada como la vida me trajo al mundo. Por supuesto le dije que yo era La Pequeña Comeflor, la única hijita tan bella su muchachita de Valentina, que qué tenía yo que ver con el sexo, yo no soy mami, te lo juro, tengo las tetas chiquitas, que con tanta bomba sexy por ahí suelta para qué elegir a una periodista menuda con cara de bebé. Pues eso era, exactamente, lo que ella estaba buscando: la anti mami. Es decir: yo.
Entre confundida y halagada dije que sí, además las fotos las iba a tomar Roberto Mata a quien adoro desde mi más tierna infancia, me maquillaba Marianne Vegas que ya lo había hecho y me parece la más dura en la vida, me mandaban un Oh! Nena especialmente para mí y unas joyas de las niñitas Tarbay. Es decir: a todos los involucrados los conocía, adoraba y admiraba. No había ni una razón para decir que no.
Me caí a Special K dos semanas, tomé agua como loca, hice intentos de broncearme un poquito y llegó el día. Geraldine vino a buscarme en su carrito pequeño, atrás iba una cava con chuches divinas, gavetas llenas de adornitos Tarbay para mi desnudez, el Oh! Nena recién llegado de Maracaibo, una bata exquisita para mientras no estaba posando y el indispensable "tapa-totona" para salvar los restos de mi pudor.
El día estaba nublado, llegamos a El Cerrito y me baboseé con el jardín: la espesura de años de cuidado se reflejaba en árboles gigantes repletos de helechos y bromelias. Insólito. Estaba feliz de que ese fuera el marco para mi pequeño cuerpito sin demasiadas curvas.
Entonces llegó Marianne que es enorme, divina con sus lentes Ray Ban y su ayudante, una modelo pelirroja que me hizo sentir desubicadísima, intenté proponerla como modelo a ella, pero nada: Geraldine quería a su anti mami con cara de bebé y tetas pequeñas. Definitivamente, ella veía algo que yo no. Primero me maquillaron la cara y quedó estelar, luego la pelirroja hermosa me llenó todo el cuerpo de cremita para que me viera sana y lozana. Para cerrar, me peinaron con un enrulador por horas y quedé lista para la faena.
Entonces llegó Roberto, que estaba más nervioso que yo. Supongo que conocerme desde los 8 años y verme así lo conflictuaba, volteaba para todos lados y quería llamar a mi mamá a pedirle permiso. Tan bello. Yo le dije que no se preocupara, que con el tapa toti estábamos cubiertos y zácata, me quité la bata rosada, peluda y divina que me dió Gerladine para no morir de frío mientras íbamos de un set a otro por el jardín.
El shooting fue una gozadera, que si las hormigas, que se te ve, que tápatelo, voltea para allá. Nos reímos mucho. Geraldine se ocupó del refuerzo positivo para que me viera bella, gesto que le agradecí, uno no se siente glamorosa sentada en el tronco rugoso de un árbol procurando mantener la postura y sabiendo que eventualmente eso lo verán miles de personas un domingo en el kiosco luego de comprar pan. La mejor parte fue encaramarme en el árbol, desnuda, descalza, atravesando un montarral y con Geral haciéndome pata gallina para llegar hasta arriba. Bajarme fue más complicado y requirió lanzarme a los brazos de Roberto mientras Geraldine me agarraba las piernas. Como verán, la experiencia del modelaje en exteriores y sin ropita, no es tan glamorosa como el resultado final.
Pero Roberto gozó chalequeándome, yo gocé jugando a ser modelo y Geraldine gozó más que todos visualizando lo que sería su próxima portada.
Esa tarde llegué a mi casa contenta, con los pies negros, las nalguitas irritadas de tanto sentarme en el tronco de los árboles y una sonrisota con ganas de dejar el Special K de lado y dedicarme a ser yo de nuevo.
Si quieren ver un preview, entren en www.revistamono.com, pero ni de casualidad dejen de comprar la revista, es una maravilla y van a a entender perfecto por qué fue que le dije que sí a Geraldine.













