20 enero, 2012

AÑO NUEVO, AÑO VIEJO

Esto de comenzar un nuevo año siempre me angustia. Primero porque siento la imperiosa necesidad de ver hacia atrás y sacar conclusiones. Luego, la ansiedad del qué vendrá me acogota. 
Así que comienzo con la memoria y cuenta y salgo de esto de una buena vez.
En el 2011 uno de los eventos más importantes fue saldar mi cuenta con el Zulia, era el único Estado de Venezuela que no conocía. Entonces descubrí a Alan Highton y su palafito en Ologá con vista al Relámpago del Catatumbo. El Sur del Lago me gustó tanto que repetí y me estrené como profe sobre sus aguas y bajo sus resplandores. Ahora me falta Maracaibo, nos la tenemos juradita ella y yo.
Conocí el Parque Nacional Yosemite, San Francisco y Seattle, fue un viaje de naturaleza, rica comida y bellas ciudades con mi Fede amado. Con Fede también comencé a trabajar en prensa con el que ahora es mi amigo querido: Maickel. En Enero caminamos por Miami y en Noviembre revolucionamos el país caminando por Nueva York. Aprendí un montón de ambas experiencias.
Conocí el Salto Pará en el Caura y me asombró el poder de sus aguas, el Hato El Cristero en Barinas con su maravilla de garcero. Volví a Paria a ver tortugas y luego a viajar hasta lo más profundo de su costa donde las cascadas caen al mar. Para liberar tortugas volé hasta Los Roques y bauticé a una Carey. Navegué con Biotrek por el Morichal Largo, viajé a la Gran Sabana en invierno a ver los ríos en su estado más salvaje, recorrí Táchira, Mérida y Trujillo para hacer fotos con mi madrecita santa.
Crucé el charco, gocé en España con mi familia, gocé en Francia con mis amigas.
Secuestraron a mi vecino y supe cuán vulnerable somos, se murió Keala, mi perra adorada, y supe que la muerte jamás avisa. Hice nuevas amigas, recibí la visita de las amigas que ahora están afuera. Viví la zozobra de que Fede se enfermara en una expedición y todo salió con bien, supe que hay que agradecerle a la vida cada milagro que regala. Aprendí a hacer pasticho y le discutí al mismísimo Don Armando Scannone su receta con pasitas, aceitunas y alcaparras.
Crecí de ancho un par de kilos, le eché la culpa a los 31 y me dejé de eso. Me desnudé para una revista y me gustó, me dió fuerza y confianza.  Volé, navegué, rodé, caminé, nadé. Perdí mi espacio en La Mega, perdí mi columna en Climax, gané dos columnas nuevas y la oportunidad de escribir en Inspirulina. Comencé a escribir un libro de viajes que ahora debo terminar y publicar. Me volví adicta a las orquídeas y ahora no quepo yo en el balcón. La palma en la que anidaban mis guacamayas preciosas se cayó y ahora las veo menos. Muchas de mis amigas tuvieron hijos, entendí que a mí me sigue faltando un ratillo para decidirme. Cumplí dos años viviendo de mi cuenta con Fede y entendí que ha sido la mejor decisión de la vida. En el 2011, como todo el que está vivo, fui feliz mil veces y no tan feliz otras tantas, de la segunda condición fue de la que más aprendí.
Cerré el año en el piedemonte barinés, con mis amigos amados que ahora tienen planes nuevos, me enamoré de una gatica por primera vez en la vida, bajé el río, amé el río, siempre me ha parecido que los ríos son una gran alegoría del fluir de la vida, puede que sea esa la razón de pasar el 31 junto a uno.
El 2012 me recibió con mi abuelita accidentada...pudo haber muerto. Entendí que la vida es frágil, que cambia sin avisar y que no queda otra que adaptarse. Aprendí que la familia es la base de todo y que tener una familia unida es lo mejor que le puedes legar a tus hijos, al mundo, a la vida. Entendí que aún en los momentos más oscuros hay que obligarse a ver el lado positivo y agarrarse de eso con las uñas para no perder el juicio.
Comienzo el 2012 con miedo y con esperanza, no tengo la menor idea de qué viene en mi vida, mi país, mis viajes y mis proyectos. Entiendo que la única opción es ver hacia adelante, sonreir, soñar y pedirle a la vida que me siga enseñando a vivir. Lo demás es incierto.