05 diciembre, 2012

YARACUY ES VERDE VERDÍSIMO

Salimos cuando Valenta salga del programa de radio. Acomodo una maletica apurada esa misma mañana. Un pantalón, un short, dos franelas, pantaleticas, traje de baño porsia, los potingues y ya. Cargo las baterías de la cámara, reviso haber borrado las fotos de Morrocoy y decido llevarme un sólo lente.
Me llama Valenta que ya buscó a Lia la comadre, damos cuatro vueltas más porque viajar un miércoles implica dejar cosas pasando en el trabajo y nunca se puede arrancar de una. Son casi las 11 y exijo una parada en la panadería porque no me van a torturar sin comida hasta llegar a Sortilegio. Menos mal, porque llegamos a Sortilegio a las 3 de la tarde por esa maravilla de carretera plantada de trinitarias que tiene Yaracuy. En Sortilegio, un restaurante criollo extraordinario a orilla de camino en Urachiche, nos recibe Maria Luisa. Una señora en sus 90 que siempre se queja de todo y sin embargo tiene una vitalidad envidiable. Me como un pabellón con baranda y huevo frito, aguacate y cochino frito aparte. Soy feliz.
A las 4 de la tarde buscamos cómo entrar al Embalse de Cumaripa. Ya está cerrado, pero Egilda, de la Corporación Yaracuyana de Turismo llama para que nos dejen entrar a ver y tomar fotos. En el camino me encuentro una tortuga caminando por la carretera. La agarro, la monto en el carro y llamo a Vane de ConBiVe para que me diga dónde soltarla. Al llegar al embalse la pongo en la orilla, saca la cabeza, las paticas y se lanza al agua en segundos. Sonrío.
El embalse es hermoso, enorme y apacible. Los dones pescan en la orilla uno que otro pavón, los pájaros cantan en los árboles y la tarde cae lento mientras uno de los guías del embalse nos va echando el cuento. Hay cabañitas abiertas para hacer parrillas, pic nics y ver para allá. Sopla la brisa, todo está limpio y cuidado. Tienen baños, piscina y hasta hacen una regata de windsurf el último fin de Enero. Me sorprende gratamente este espacio y me imagino por aquí en un kayak.
De ahí nos vamos al Hotel Antigua Misión donde mi madre dará una conferencia a agentes de viajes y los intentará de convencer de que viajen a otros destinos y pregunten bastante para ser mejores agentes de viaje. Pero llegan tarde y se deja para mañana.
Me levanto tempranito con Lia, ya Valenta está abajo transmitiendo el programa. Anoche nos dijeron que tendríamos carrito de golf para recorrer el Parque de la Exótica Flora Tropical, se tarda, hay que indagar, y finalmente llega.
El Parque de la Exótica Flora Tropical fue idea de Esteban Von Fedak, que luego hizo el Hotel La Antigua Misión para que uno se gozara el parque y tuviera donde dormir. Esteban trajo y mandó traer plantas exóticas y tropicales de todo el mundo, las pusieron primorosamente, las cuidaron, las regaron, las clasificaron, hicieron caminerías y entrenaron guías que te llevan por toda esa maravilla en un carrito de golf. También puedes caminar feliz, entregado a la contemplación de verdes, hojas de todos los tamaños y colores, árboles altísimos, matas bajitas, bromelias, arbustos, helechos, flores rarísimas, plantas acuáticas.
En una parte del recorrido vemos el súper chorrote que riega una parte del parque y gozo con los arcoiris y efectos de luz que crea. Pero, sobre todo, entiendo que no es fortuito que esto esté tan bello. Es naturaleza pura cuidada por la bondadosa mano humana. Un bosque creado, perfecto, hermosísimo, exhuberante. Adoro este lugar y podría perderme todo un día. Pero salimos sin desayunar y el hambre es una esclavitud.
Nos encontramos con Valenta para comer y seguir la gira. Salimos para San Felipe El Fuerte, un parque histórico y arqueológico en el corazón de la capital yaracuyana. Otra grata sorpresa. Los guías encantadores y divinamente bien formados nos van explicando cada detalle de los muros que cayeron en el terremoto de 1812, las calles empedradas y la Iglesia de la que sólo quedan los pisos, una pared y la pila bautismal protegidos por un Samán gigantesco que creció en todo el medio como si fuera el nuevo techo. Precioso y apacible lugar con su pequeño museo y mucha información interesantísima. No me queda sino admitir que, a pesar de las diferencias ideológicas con el gobierno yaracuyano, se está haciendo un muy buen trabajo en materia de turismo. Eso me da mucha alegría.
Salimos a Barquisimeto un momentico. Compramos Nata Don Manuel, conocemos el modernísimo Biotel que trata de minimizar su impacto ambiental y hace festivales gastronómicos para delirar de dicha y nos vamos a lo que vinimos: conocer Bosque Macuto.  Nos cuesta un poco encontrarlo y nos despeluca el despliegue de ego de la alcaldesa con vallas gigantes en honor a ella misma. Llegamos y me recibe mi amiga virtual Imarú Lameda, bióloga, luchadora de los imposibles y alma hermosa que conocí por Twitter (@ositaima). Hizo un doctorado en Argentina y al regresar a su tierra, como buena guara, quiso hacer algo por ella y se metió de pata y cabeza en Bosque Macuto, un proyecto con muchas hectáreas de bosque y yacimientos de agua que se convirtió en parque infantil y paintball, se abandonó, se recuperó a punta de locura socialista con baños de Ché Guevara y ahora hace lo indecible por convertirse en santuario ecológico.
Sólo Imarú se podía meter en semejante locura. La verdad es que cuando sales del parque loco, llegas al bosque y te encuentras con loros, guacamayas y chaguaramos de más de 100 años, entiendes el afán de recuperar esta hermosura. Hicimos la caminata por un senderito que llega a lo que alguna vez fueron unas piscinas en medio de la vegetación hechas por el hermano del Benemérito y regresamos corriendo para llegar al Hotel La Misión a que Valenta dé su conferencia. La aplaudieron a rabiar, se tomaron fotos con ella y nos fuimos a dormir.
El regreso a Caracas el viernes fue pasando por Nirgua para hacer un vuelo en parapente con el Club de Vuelo Nirgua. Nos encontramos con Ronald su fundador en la súper panadería de Nirgua y subimos por un caminito de tierra con un bosque de pinos gigantesco hasta el despegadero de gramita perfecta y vista maravillosa. Los parapentistas acomodaron sus alas y comenzaron a volar. Ronald acomodó a Lia y la llevó a hacer un tándem por primera vez en la vida. No se imaginan la felicidad de la comadre en esa placidez deliciosa que es volar. Luego me tocó a mi con Sorut y meneé las paticas por el cielo de Nirgua eufórica de ver tanto verde. Esta zona de vuelo es una preciosura y si la vida los lleva por ahí de verdad que les recomiendo "despelucarse" y ver Nirgua desde lo alto. Nada más sabroso en esta vida que sentirse pájaro un rato.
Ya en tierra firme nos despedimos de los muchachos y tratamos de ver la supuesta posada que hicieron en los terrenos expropiados a Diego Arria (desde el cielo es evidente el abandono y la negligencia en que tienen a La Carolina) pero, como era de esperarse, no nos dejaron pasar...
Comimos cachapa y cochino frito, compramos naranjas en el camino y agarramos todo el tráfico del mundo hasta llegar a Caracas. Las carreteras de Venezuela están hechas un infierno, menos mal que siguen llevando a lugares tan hermosos.
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